¿Por qué (no) voy a pagar para salir en La Razón?

El lunes por la tarde, en medio de una jornada muy interesante sobre Salud y Deporte con The Knowmads, devuelvo una llamada a alguien -omito el nombre por respeto- que había contactado con mi oficina por la mañana para comunicarnos que mi empresa (3dsignia) está nominada a los Premios a la Excelencia Empresarial (o algo así).

Tras contarme una historia sobre unos premios en Marbella en el Hotel Villapadierna, un chófer que nos iba a recoger para ir a la gala y que otras empresas grandes tipo Siemens lo habían recibido anteriormente, pasa a decirme que van a publicar media página en La Razón a todos los nominados y bla bla bla. Continue…

En el futuro (II): Los exámenes

Los exámenes se inventaron porque había que encontrar una manera de evaluar el conocimiento de una persona sobre una materia. Cuando la educación se hizo universal, estos se convirtieron en una peligrosa vara para medir el grado medio de aprehensión de una determinada materia en un conjunto más o menos amplio de personas.

Los exámenes tienen numerosos defectos:

– Con frecuencia están hechos para “pillar” al alumno.
– Suelen ser escasamente prácticos.
– Son iguales para todos los alumnos.
– Pretenden evaluar, de 1 a 10, algo bastante concreto, y dejan de lado aspectos adyacentes a la pregunta.
– Suelen ser respondidos con menor brillantez por las personas que soportan mal la presión (los asociamos a algo malo).

En el futuro no habrá exámenes como los conocemos hoy. Los profesores podrán servirse de la tecnología para evaluar de distinta forma a cada persona, existiendo una verdadera evaluación continua donde todo el recorrido académico del alumno -y las prácticas asociadas- forman parte de la calificación final.

Ésta no será, probablemente, un número, sino que estará compuesta de decenas de variables que midan aspectos como la creatividad, la capacidad para emprender y liderar, la facilidad para vender, las aptitudes para el cálculo, la programación y la lógica, etcétera. Para cada una de ellas se utilizarán las miles de medidas registradas a lo largo de un curso.

Un sistema de verdadera evaluación continua consigue que un alumno sea calificado por un conjunto de acciones (u omisiones) en lugar de por la brillantez que sea capaz de mantener durante 2 o 3 horas vomitando conocimiento (en el caso de las humanidades) o resolviendo un problema sobre un extraterrestre que tiene 7 dedos en lugar de 10 (me lo pusieron en la Facultad de Informática para que el alumno dedujera que tenía que trabajar en base 7 en lugar de base 10…). Ni una cosa ni la otra harán que un trabajador sea más o menos eficiente.

La ausencia de métodos automáticos de registro de la aptitud, convierten en un auténtico tedio la labor de evaluar a los alumnos de forma continua. Pero, ¿y si se registran, a diario, decenas de parámetros asociados a cada alumno? ¿Y si estos miden, además del conocimiento y la pericia, aspectos esenciales como la constancia, la madurez intelectual o la creatividad?

Por suerte, en unos años no existirán los exámenes tal y como los conocemos hoy. La nota final que un alumno recibe no será más que el resultado de una evaluación realmente continua. ¿El resultado? Un registro de parámetros que lleven a configurar el “ADN de aptitudes y actitudes” de una persona.

“¿En qué proyectos andas metido, Padilla?”

En las últimas semanas me han preguntado en varias ocasiones lo mismo: “¿En qué andas metido?”.

Es cierto que no paramos habitualmente, así que ni siquiera me ha dado tiempo de escribir un post donde cuente las grandes -subrayo “grandes”- aventuras en las que estoy embarcado actualmente.

Allá por la primavera de 2013 conocimos a Raúl, un tipo excepcional con un pasado enorme en el mundo del márketing experiencial y deportivo. Nike, NBA, Telefónica y decenas de marcas -muchas de ellas multinacionales- pueden dar fe de ello. Nos dio su visión del social shopping y guardamos sus consejos que, como imaginaréis, tienen un gran valor. Continue…

Programa o sé programado

Aprender a programar no es difícil. La programación ayuda a que tu cerebro sea más analítico y tenga capacidad para descomponer problemas grandes en otros más pequeños que se pueden abordar por separado. No importa el lenguaje elegido. Da igual si decides irte a por la moda de Ruby on Rails, la facilidad para hacer cosas rápido del PHP o la robustez de Java.

Antes de decidirte por uno de esos lenguajes debes programar tu cerebro para que aprenda a pensar como un programador. Aparecerán entonces en tu mapa mental los bucles, los arrays, las variables, los condicionales, los métodos… y éstos son independientes del lenguaje. Posteriormente tendrás que aprender los vericuetos de cada uno de ellos, pero al principio solo importa saber pensar correctamente.

Un buen programador no sabe solo programar en un determinado lenguaje. Al contrario, sabe “programar” y posteriormente se adapta a lo que venga porque conoce los principios de la computación.

Esa amplitud mental hace que las personas sean más ricas. Y no se trata de dar de lado otros conocimientos y disciplinas, sino de comprender una nueva realidad: la programación estará presente en todas las áreas de la vida en un período inferior a 10 años.

Mattan Griffel, conocido por ser uno de los primeros en adueñarse del concepto ‘Growth Hacker’ pero también por crear “One Month Rails”, nos comentaba en Nueva York durante una presentación que la disyuntiva a la que se enfrenta el ser humano ahora es sencilla: programar o ser programado.

No se trata ahora de elegir si uno quiere estudiar Historia del Arte o Ingeniería Aeronáutica, sino de comprender que en ambos casos habrá que saber programación. Ignorar esa realidad solo nos llevará a retrasar lo inevitable, y mientras más años tardemos en adaptar nuestro cerebro a los métodos analíticos, más complicado será hacerlo.

Si tienes un hijo menor de 15 años, date prisa y apúntalo a clases de programación. ¡Pero ten cuidado! Debes buscar a un buen profesor porque hay pocas cosas más frustrantes que tener a un mal maestro para aprender código. Explicar algo que, en origen, es abstracto, solo puede hacerse con cariño y emocionando, aplicando esas cosas que flotan en el aire al mundo real y plasmando el conocimiento en cosas tangibles.

En 10 años no existirán muchas de las cosas que hoy damos por buenas. Los intermediarios irán desapareciendo en todos los sectores para conectar a productor y consumidor. Y para hacer realidad ese proceso harán falta millones de programadores.

Con 5 o 6 años recibí uno de los mensajes que más han influido en mi persona. “Los próximos analfabetos serán aquellos que no hablen inglés ni sepan informática”, me decía mi padre, muy serio, mientras mirábamos ordenadores en El Corte Inglés a mediados de los 80.

Ojalá hubieran existido en ese años iniciativas como code.org, Udemy o Coursera.

Hoy leía en Xataka que un Audi RS7 sin conductor estaba retando a un humano en una carrera a 250 km/h. Sin duda, un logro de la inteligencia artificial, la computación y los sensores. En la misma publicación se recoge que la UE ha iniciado el programa “All you need is code”, apoyado por Microsoft, Facebook, Rovio o SAP, empresas que ven como su futuro está vinculado a la existencia de nuevos programadores.

Mark Zuckerberg, cofundador y CEO de Facebook, quiere modificar las leyes de inmigración estadounidenses por un sencillo motivo: tiene que ser más sencillo incorporar a su país a nuevos jóvenes talentosos que sepan programar. El ingeniero es la nueva estrella en Silicon Valey y Nueva York, donde algunas de las estrellas del código de Facebook o Google tienen, incluso, representante e ingresan cada año más de 200.000$.

Pero no hay que ir tan lejos. Esta semana puse una oferta de trabajo en mi timeline:

Decenas de retuits y, ¿sabéis cuántos candidatos y/o peticiones he recibido? Cero.

¿No es extraño en un país con un 25% de paro que una oferta de empleo para un gran proyecto y con buena remuneración se quede desierta? ¿Ocurriría esto con periodistas, abogados o arquitectos?

Así que habrá que estudiar programación, si no es ya por convencimiento, sí por empleabilidad. El déficit de programadores para los próximos años será brutal. Son los arquitectos del futuro y, sin ellos, tardaremos más tiempo en hacer cosas maravillosas y necesarias para todos.

Por último, os dejo una infografía interesante de los compis de Who Is Hosting This sobre lenguajes de programación.

infographics about what code should you learn / Infografía sobre qué lenguaje de programación es más interesante para aprender