A mi padre por Navidad, y al resto para que comprendan muchas cosas

Los periodistas cometemos con demasiada frecuencia un mismo error: dedicar un artículo bonito, desgarrado y lleno de recuerdos a una persona que acaba de fallecer. Sus allegados se emocionan, sí, pero el receptor no tiene ya la oportunidad de leerlo. “Lo estará leyendo desde allí arriba”, nos dice alguien de nuestro entorno, con la lagrimilla cuesta abajo y sin freno.

El caso es que a mí siempre me gusta más hacer estas cosas en vida. Incluso cuando todavía le queda al homenajeado —Dios mediante— mucho que recorrer en este mundo.

Mi padre conmigo el día en que me dieron el Premio de la Asociación de la Prensa de Sevilla (2013)

Mi padre conmigo el día en que me dieron el Premio de la Asociación de la Prensa de Sevilla (2013)

Hoy no voy a escribir de startups, tecnología, SEO, marketing online o el futuro, sino de “visión”, “curiosidad”, “tenacidad”, “inteligencia” y “capacidad de sacrificio”. Todo eso lo aprendí de mi padre.

En mis primeros recuerdos le veo con unos planos de rotativa desplegados en el pasillo, llegando por la mañana después de un turno de noche o con los ojos tapados en la salita de la casa de mis abuelos en Heliópolis tras un fogonazo recibido en un cuadro eléctrico. En mi memoria, también estoy con él en un pequeño cuarto en nuestro piso de San Juan de Aznalfarache con cara de alucinación porque ha estallado un condensador, o corriendo por la casa haciendo el saltimbanqui tras pisar un soldador muy caliente que él había dejado para arreglar o construir algo a altas horas de la noche.

Le recuerdo dándome la lista con los valores de los colores de las resistencias cuando yo tenía poco más de 4 años. Sí, yo era un trasto y aprender a leer y escribir tan pequeño solo sirvió para querer saber más y más (me estudiaba a diario la parrilla de TV de La 1 y La 2, con sus horarios, para recitársela a mi madre).

“Aprende inglés e informática porque el día de mañana el ‘analfabeto’ será quien no domine ambas materias”, me decía cuando yo tenía 5 años. Y uno, que no sabía lo que era ser analfabeto, sí intentaba evitar caer bajo el paraguas de esa palabra que sonaba fatal.

“Trabaja en algo que te guste mucho y así será como no trabajar”, comentaba también. Esto, que hoy leemos mil veces en cuentas de autoayuda de Twitter o en el discurso de Steve Jobs en Stanford, ya lo sabía yo desde el año 85…

“Sé el segundo siempre. Fíjate en las maratones; calcula el esfuerzo y cuando estés preparado, adelanta”

“La tecnología caduca todas las tardes”

“Hay que inventar el ascensor a la luna”

“Correr tan rápido que te cojas por la espalda”

“Simple Javi, simple. Eso es muy complicado”

“A todo hay quien gane Javi”

“Buena presencia Javi […] La abuela siempre dice que un coche con los cristales limpios parece nuevo”

“Sal de todos los sitios siempre por la puerta de delante porque la vida da muchas vueltas”

“Si Bill Gates (Steve Jobs, etc) no existiera habría que inventarlo”

“Yo, por el Betis y por Don Manuel, lo que sea” (a ver si os creéis que es perfecto…)
Podría enumerar mil frases más, pero creo que os podéis hacer una idea. No se trataba de mensajes vacíos, sino de sentencias que ejemplificaban un modo de vida y una filosofía. Y, por supuesto, no hablaba del ascensor a la luna o de la caducidad de la tecnología cuando ya son temas de actualidad… sino 15 o 20 años antes.

Recuerdo a mi padre construyendo un equipo de música para mi madre, pieza a pieza, y su sonido tan potente y nítido. También me vienen a la cabeza las mañanas de sábado tirado en el césped de nuestra casa en La Motilla dándole caña a las pastillas de freno, el motor de arranque o a aquel relé que hacía de intermitente en la guantera del Seat 124. No olvido las tardes pintando los postes de la valla (Tintalux, Pardo 517…) o cuando restauramos dos bicicletas enteras. O aquel día que fuimos al Teatro Álvarez Quintero a arreglar algo de la instalación eléctrica y a la salida se gastó el dinero en comprarme una cámara de fotos que, por supuesto, acabé desmontando para saber cómo funcionaba.

Por eso ahora, cuando me ven llegar y digo algo como “probablemente ese fallo es de la bomba del gasoil” o “limpia los inyectores” se piensan que soy un mecánico de Wikipedia o un bocas. Ignoran que aprendí muchos conceptos de mecánica porque él me dijo que era “más bonita que la electrónica porque se ve”. Tampoco saben que cuando sacaba un 9 o un 10 en dibujo técnico y te enseñaba las láminas tú me decías que “eso en el colegio interno habría sido menos nota. Debería estar mejor”.

Esa es otra importante: acelerar y correr porque las cosas nunca están lo suficientemente aseguradas o perfectas. A veces hay que controlar esa enseñanza porque puedes acabar con tus competidores lejos —o no— pero contigo absolutamente reventado y sin fuerzas para nada. Eso también lo he experimentado.

Si tu padre hubiera vivido en Estados Unidos en la época de la Guerra Fría habría sido agente secreto del FBI”, me comentaba un amigo común. “He visto a tu padre darle clases de rotativas a los alemanes que las diseñaron”, me decía también otro antiguo compañero. No creáis que fue fácil trabajar en una empresa donde él era un absoluto referente para prácticamente todo el mundo.

Porque alguien que no se cansa nunca y que corre siempre como si fuera el último de la carrera es para temerle.

Evidentemente, no heredé de él la afición por correr campo a través y, ni que decir tiene, que no tengo su zurda. Se fue del Betis en juveniles —era compañero de Rafa Gordillo y tenía una buena carrera por delante— porque le gustaba más jugar al fútbol con sus amigos del barrio y seguir estudiando electrónica. Visión.

Por supuesto que hay muchos temas en los que no estamos de acuerdo. E imaginad lo que pueden ser nuestros debates cuando los dos pensamos que nos va la vida en “ganar”. Lo típico que él va a la cocina y mi madre me mira, muy seria, y me dice “Javielito, por favor, que le va a dar algo”. Una frase muy de madre.

Además de querer dejar por escrito que admiro a mi padre y que gran parte de lo que soy se lo debo a él, me gustaría que aquellos que tenéis hijos os esforzarais mucho en ser un buen ejemplo.

La curiosidad, el afán de superación, la capacidad para esforzarse cuando parece que el depósito está vacío, la importancia de decir la verdad o de cultivar amistades, y el intentar siempre adivinar qué vendrá en el futuro —basándote en la observación del presente y sus problemas sin resolver— son cosas que no se enseñan en los colegios. Y, aunque se enseñaran, no se aprenderían porque necesitan ser “mamadas” día a día, con ejemplos que fijen valores y conocimiento.

Mi padre, sin saberlo, se ha comportado en su vida como un auténtico “knowmad”. Y ese ejemplo es el que me ha hecho ser como soy. Gracias por haber dedicado tiempo a ser un ejemplo en el que poder mirarse y sacar conclusiones de esas que cambian una vida.

3 respuestas a “A mi padre por Navidad, y al resto para que comprendan muchas cosas”

  1. Noemí M. dice:

    Qué bonito Javi. No es difícil imaginar lo orgulloso que estará tu padre de tí también.

  2. Querido Javi: Acabo de leer las palabras tan bonitas que le dedicaste a tu padre en Navidad.No pueden ser más hermosas. Antes de conocerte a ti, ni de saber que eras hijo de tu padre, yo ya conocía a Padi. Padi I, si me lo permites. Yo empecé en ABC de Sevilla por el taller y allí tu padre era inigualable, además de por sus cualidades técnicas que has relatado con ejemplos doméstico, para mí lo más importante fue descubrir en él a una gran persona, capaz de rebajarse al nivel de una becaria de 20 años que estaba saliendo del cascarón para explicarme cualquier cosa y sólo sonreirme y tranquilizarme. Un gran hombre, como lo demuestra tu misma grandeza. De admirar al padre pasé, muchos años después, a admirar al hijo, Enhorabuena por tus logros, de los que me alegro y que te mereces de sobra. Pero sobre todo enhorabuena por el premio gordo que te ha dado la vida con ese maravilloso padre. Conoceros me ha hecho mejor persona y mejor profesional. Gracias.

    • Mil gracias por tus palabras, Estrella. La primera vez que vi tu nombre fue en un disco de 3″ 1/2. Me quedaban muchos años para entrar en ABC, pero mi padre estaba haciendo un programa informático para ayudaros a gestionar algo que no recuerdo. En cualquier caso, para mí también ha sido muy importante conocer a personas como tú 🙂
      Un abrazo

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