Javier Padilla

El blog de Javier Padilla

thehatch

Cofundador de Nabumbu, El Desmarque y otras historias. Programé mi primera web en 1997 y, desde entonces, diseño, programo, escribo y hago marketing online decentemente.

Carta abierta a los ‘fandroids’ que no me entienden

He tenido a lo largo de mi vida unos 16 PCs de sobremesa. Los tres primeros fueron Amstrad (CPC 472 —tenía 8KB más de ROM que los normales—, un PC1640 y un 2086) y los siguientes, hasta el actual, fueron clónicos. En muchos casos eran máquinas montadas por mí mismo en los años en los que al Intel 486 había que añadirle un coprocesador matemático para que 3DStudio R2 —no existía aún el MAX— pudiera hacer un render sencillo en menos de 10 minutos (hoy lo haría en un segundo con iluminación global, anti-aliasing del bueno, sombras complejas…).

Mi primer ordenador

Mi primer ordenador

Monté decenas de placas base, micros, discos duros, tarjetas aceleradoras de disco duro, gráficas… y moví cientos de jumpers cuando lo de “autoconfigurable” no existía prácticamente. Jugué con tarjetas Hercules con monitores en blanco y negro y, posteriormente, a color, con las CGA, EGA, VGA y, finalmente, Super VGA. Se puede decir que el hardware lo he tenido siempre bastante controlado de un modo práctico.

Así se veía al original Guybrush Threepwood en un monitor CGA con 4 colores

Así se veía al original Guybrush Threepwood en un monitor CGA con 4 colores

He programado en Basic, un poco de C, mucho en PHP y he tonteado con Objective-C y Swift. Con JAVA me llevo muy mal (culpa mía). Pero sí es cierto que no se me da mal trastear el lado software de los aparatos.

Toqué mi primer Mac en 1992. Realmente no me pareció un ordenador interesante en el primer contacto. Era bonito y poco más. Lo mío era trastear, hacer over-clocking y sacar partido a las máquinas en un mundo donde Windows era lo más asequible para todos —desde la versión 3.1 sobre MS-DOS— y Linux comenzaba, allá por 1994, a sonar en el cuarto donde mi padre y yo trasteábamos. Era un infierno instalar este último y, a menudo, la convivencia con Windows acababa con uno de los dos sistemas inutilizados (nada que ver con Ubuntu y sucedáneos). Arrancaban los tiempos del Lilo como bootloader.

Puedo decir, por todo este rollo que he soltado, que “controlo” el mundo de los ordenadores. No soy un “fanboy ciego” de nada. Y menos aún, sin conocimiento.

Utilicé Mac asiduamente desde 1999. Entré en ABC en el Departamento de Diseño y allí se manejaban QuarkXpress, Freehand y Photoshop sobre Mac G3. Me resultaban graciosos esos ordenadores, aunque no comprendía el porqué de su alto precio. Pero, en el fondo, tenían chips PowerPC, parte del hardware propio y, bueno, funcionaba bastante rápido con la mitad de recursos (RAM, memoria gráfica y disco duro) que el PC de al lado que, a menudo, se quedaba con el famoso relojito “pensando” eternamente.

Interior de un Apple Mac G3

Interior de un Apple Mac G3

Cuando a Steve Jobs le dio por abaratar costes y subirse al carro de los fabricantes “genéricos” como Intel para procesadores, ATI para gráficas o Samsung para discos duros (que ya no eran SCSI) y módulos de memoria, me pusieron las comparaciones muy fáciles… Pagabas 2.000€ por un Mac cuyo hardware costaba, en su equivalente PC, menos de la mitad.

Sin embargo, algo fallaba: aunque compraras el doble de gigahertzios, RAM y espacio, el PC iba, como mucho, igual que el Mac.

¿Motivos? Varios. Uno de ellos era muy lógico: para Apple solo fabricaban dispositivos cinco o seis fabricantes certificados, así que los drivers venían de serie y la experiencia de usuario no se veía mermada. En el caso Windows, ya sabemos que cualquiera podía hacer un dispositivo con su correspondiente controlador y cargarse la experiencia de usuario aunque tuvieras la potencia de un Cray.

Aún así, me mantuve tremendamente fiel a Wintel, PCs y demás historias hasta el año 2010.

¿Qué ocurrió en ese momento? Poco antes me habían dado un iPhone 3G. Tenía curiosidad por el teléfono y reconozco que no me convencían demasiado los smartphones con Windows Phone y un palito como dispositivo de entrada (tuve dos, una HTC Touch y un TSM100v de Telefónica). La sincronización era un coñazo enorme y todo estaba pensado para informáticos y/o geeks masoquitas.

El iPhone 3G demostró ser una máquina robusta, rápida y fiable. Nunca me pregunté qué procesador tenía, cuánta memoria atesoraba y otras historias.

Así que en el verano de 2010 me compré un iMac 27″ para mi casa. En marzo de 2011 cayó el iPad 2, en mayo el iPhone 4, en julio de 2012 el Macbook Pro Retina, en noviembre de 2012 el iPhone 5 y, hace una semana, el iPhone 6.

Lo cierto es que Apple ha cambiado mi vida para bien.

¡A mí que disfrutaba formateando discos a bajo nivel o fabricándome un Disney Sound System con un conector LPT de impresora, un soldador y 100 pesetas en resistencias!

Mi realidad actual es un mundo en el que las cosas funcionan dentro del 99% de los supuestos de mi día a día. Lo hacen de forma duradera, rápida, eficiente, sin dolores de cabeza, drivers, instalaciones, antivirus

Hace poco estuve rooteando un teléfono para tener más posibilidades con un Android que iba justito de hardware y al que Orange le había metido demasiada “mierda” de serie. En su momento le hice el jailbreak a mi iPhone también —aunque lo dejé sin llamadas por un tiempo porque la lié con el baseband—. Cuando te dedicas al sector tecnológico no puedes hacerle asco a nada, y menos en un país donde Android es más del 85% del mercado. Casi nada.

He probado los Nexus, HTC One, Sony Xperia, Huawei, Samsung y, próximamente, cataré un Xiaomi. De todos los tamaños, colores, procesadores multi-núcleo…

Y, sencillamente, la experiencia de usuario no es la misma.

Ahora podríamos entrar en debates muy farragosos, subjetivos y eternos, pero si os he contado antes todo el coñazo sobre mi pasado con los ordenadores es para que comprendáis que sé lo que es un teléfono, un ordenador, un buen hardware y un buen software.

¿Dónde está la diferencia? En la “comunión” de todos los factores que consigue Apple. Las cosas funcionan bien, duran años y no te complicas la vida. Mi iMac de 2010 funciona hoy perfectamente, al igual que mi iPad 2. ¿Había ordenadores y tabletas más baratos? Sí. ¿Eran iguales? Ni de coña.

¿Existe otra vida? Claro que sí. Lo que no me gusta es cuando los fandroids no admiten que Android nace de un clon de iOS, o que los Samsung Galaxy y el resto de smartphones que nacieron con el sistema de Google se apropiaron al 90% de la filosofía Apple.

Pasamos de la época del Motorola Razr o los Samsung “de concha” a una era de pantallas táctiles con 4 o 5 filas de cuatro iconos.

¿Por qué el iPhone de última generación con un hardware decente funcionará (casi) siempre mejor que un Android de última generación con hardware muy potente? Porque uno tiene Darwin y el otro Linux, entre otras cosas. ¿Los dos son Unix? Sí, pero quienes sepan de qué va la batalla admitirán que no son iguales en cuanto a rendimiento…

Apple controla todo el proceso de fabricación, vigila las apps que se pueden instalar en el teléfono —es una tocapelotas con Apple Store, con perdón…— y crea “una experiencia ‘smartphónica’ sobresaliente dentro de unos límites predefinidos”.

Google-Android-Fabricantes controla cada uno su parcela, dejan subir con libertad a Google Play y crean en el mejor caso “una experiencia ‘smartphónica’ notable poniendo como límite al usuario, sus necesidades o inquietudes y sus conocimientos”.

Al final comprendes que para todo hay una época en la vida. Si tienes un hijo aspirante a ser el próximo Jobs que quiere revolucionar el hardware y programar hasta las cafeteras, no le regales un dispositivo Apple. Ve al chino de la esquina y cómprale un teléfono por 50€ que podrá hackear hasta que se canse. Aunque, pensándolo bien, en la situación ideal le compras un iPhone, él es capaz de saltarse las protecciones y crear homebrew del bueno que se ejecuta de forma fluida, y acaba vendiéndole una solución a Apple.

Por último, siempre me gusta recordar esta imagen…

Para Samsung esto era un Smartphone a finales de 2006.

El futuro de los smartphones para Samsung a mediados de 2006

El futuro de los smartphones para Samsung a mediados de 2006

 

En marzo de 2007 Steve Jobs presentó el iPhone y les jodió los planes a corto plazo a Google y al resto de la industria. El resto ya es historia, aunque nunca viene mal mostrar la imagen que Apple utilizó en su defensa cuando demandó a Samsung por 2.500 millones de dólares. Para mí explica muchas cosas.

Los smartphone para Samsung antes y después del iPhone

Los smartphone para Samsung antes y después del iPhone

Y sí, siempre podremos decir que todos se copian de todos. Pero en este caso hay evidencia de que unos se copiaron más que otros…

Author: Javier Padilla

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1 Comment

  1. Supongo que contestando me declaro fandroid… Sí me gusta, no mataría por él 😉

    Vaya por delante que soy un admirador de Apple en cuanto a la revolución que provoca en los mercados (supongo que quien me inspira realmente era Steve Jobs). En cuanto a tecnología siempre he opinado que iba por detrás de otros.. No he probado Apple así que no puedo opinar a nivel tecnológico y experiencia de usuario.

    En la disputa “quién copió a quién” siempre hay barreras difusas porque allá por el año 2005 Nokia ya tenía un “smartalgo” comercial que era el que tenía un SO Debian reducido llamado . En mi proyecto de fin de carrera utilizamos este dispositivo con ese sistema operativo para poder probar un protocolo de la capa de transporte que aseguraba roaming entre redes heterogéneas sin pérdida de conexión (pasar de Wifi a Ethernet over USB). Algo que hoy hacemos día a día (conecto la wifi, desconecto los datos). Todavía ronda por casa el cacharrito de Nokia funcionando casi al 100% (creo que la última vez que le instalé el SO se quedó sin wifi… eso me pasa por tocar, jajaja).

    Estoy totalmente de acuerdo contigo en que Samsung está aprovechando el tirón de Apple en cuanto a diseño. Si nos paramos a observar qué pantallas utiliza el iPhone o qué chips de memoria utilizan los Mac probablemente nos llevaríamos una sorpresa…

    Tengo esta discusión con iphanboys (no sé si existe la nomenclatura pero ya me entiendes) a menudo y la verdad es que me ha terminado por cansar. Esta dicotomía es el “colacao o nesquik” o el “Rolling Stones o los Beatles” del siglo XXI.

    Por cierto, quede claro que yo siempre he sido de colacao y los Beatles.

    Un abrazo.

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