Javier Padilla

El blog de Javier Padilla

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Cofundador de Nabumbu, El Desmarque y otras historias. Programé mi primera web en 1997 y, desde entonces, diseño, programo, escribo y hago marketing online decentemente.

La gente de método

Para muchas personas es preferible disponer de un método o sistema que ilumine el camino para llegar de un punto X a un punto Y. A mí me gusta llamarlas “gente de proceso” (o gente de método). Elegí ese nombre tras observar cuánto se parecía su manera de abordar la vida a la que “sufren” los ordenadores por definición. Una tarea o proceso tras otro hasta llegar al fin de un camino. Hasta cierto punto es bastante lógico sentirse seguro en la vida cuando puedes seguir un método con determinados pasos y estos te llevan a un destino al que se supone que debes llegar.

Ese conjunto de fases, para muchos, incluye un punto final. Muchos lo llaman “jubilación”, y es esa parte en la que menos empeño se pone porque siempre se ve lejana. Eso es peligroso, al igual que lo es no añadir al proceso una pizca de felicidad y realización personal.

Todos conocemos a personas que se sienten mejor siguiendo, punto por punto, el guión preestablecido de su vida. Ir al colegio, sacar buenas notas, entrar en el instituto y clasificarse para la universidad como paso previo a un posgrado que nos llevará a un buen puesto de trabajo. La fase “trabajo” debe desempeñarse con más o menos éxito en función del empeño que le pongamos, pero en un mundo de “método”, ya estaremos más cerca del final del camino.

Si lo hacemos medianamente bien y cotizamos lo adecuado, puede hasta que tengamos una jubilación. El proceso nos llevará, con suerte, a algún viaje más y ya veremos qué pasa en la otra vida.

Personalmente, siempre me ha parecido bastante triste ese tipo de existencia. Aquellos períodos en los que he estado demasiado tiempo haciendo lo mismo y he dejado de aprender han sido tristes mirándolos en retrospectiva.

Si miras a tu alrededor, verás que muchas personas están comprendiendo que ese “método”, “proceso” o “sistema” lleva bastante tiempo haciendo aguas; cataratas en el caso del período de crisis, donde el único camino posible es saber sobrevivir a la incertidumbre, adaptarse, ser creativo y competir para coger uno de los pocos troncos que quedan flotando. Pensándolo fríamente, la gente de método irá a por el mismo tronco y este se hundirá. Cuando las cosas van mal los caminos fáciles desaparecen. Es ley de vida.

En tu empresa puede haber un sindicato. Si te fijas, en él suele haber mucha gente de proceso. Metódicos que se agarran a una legislación que se saben al dedillo porque es su manera de intentar evitar la zozobra. El lado bueno de esa actitud es que se puede abandonar la creatividad y confiar en el sistema. Acudiendo a diario a hacer cierto trabajo —más o menos creativo— y cumpliendo con los horarios se puede llegar a buen puerto.

Con el tiempo, el sindicato va orientando a las personas a robotizarse, a aplicar una forma de trabajar sin extralimitarse que no provoca, generalmente, felicidad o satisfacción. Si no haces X e Y, no te pasará nada siempre que haya un Z ausente al que alguien debió sustituir (generalmente, “la empresa”). ¡Menudo coñazo de mundo!

Disfrazamos ese método con el traje de “seguridad laboral” y, durante unos años, no irá mal del todo. Sin embargo, en un mundo con millones de nuevos universitarios cada año y jóvenes cada vez más preparados para arrancar su propio negocio, ¿alguien cree en el futuro de la gente que se agarra a los métodos?

Pongamos un ejemplo reciente. En España hay miles de ingenieros industriales que no están cobrando “lo que debían”, o que tienen “más cualificación de la necesaria para lo que le pagan”; en la época de la burbuja inmobiliaria, había decenas de miles de albañiles sin estudios ganando el doble que cualquier ingeniero.

La pregunta que se hacía medio país en ambos momentos era la misma: ¿Quién tiene “la culpa” de que la cosa esté tan mal?

Si nos fijamos bien, he entrecomillado frases como “lo que debían” o “más cualificación de la necesaria” y, más adelante, “la culpa”.

El camino iba a proporcionar un salario determinado (“el que debe ser”) a unas personas con unos conocimientos que se definieron como “necesarios” —hace décadas, en la mayoría de las carreras universitarias…— y si las cosas no eran así había que buscar a un “culpable”.

En realidad es un mecanismo bastante diabólico que te hace pensar cosas como “He estudiado una carrera universitaria durante cinco años y sé un idioma, así que lo LÓGICO es que tenga un trabajo bien remunerado”.

La palabra “lógica” no debería entrar en esos planos, pero nos ayuda a reforzar nuestras convicciones. De la misma forma no tiene porqué existir un culpable pero, oye, nos hace sentir mucho mejor.

Así llegaremos, con frecuencia, a dos o tres malvados: los bancos, el gobierno y los empresarios. ¿Por qué? Porque son “el poder”.

¿Y si, de repente, a ti, licenciado en Empresariales, un banco te dejara 1 millón de euros para hacer realidad tu proyecto?

El método no te ha enseñado a manejar dinero en la realidad. O sea, sabes hacer un balance y eso, pero no tienes recursos creativos para crear un proyecto —ni una idea factible— que, al menos, no queme ese dinero y genere valor.

Mejor el método —pensarás—. Quiero mi trabajo. Es mejor que sea otro quien queme ese millón de euros, sin duda alguna.

El problema es que ese proceso, método o sistema no está preparado para que todos tomen el camino B. Si no hay personas fabricando el A, el método se va al garete. ¿Y, realmente el culpable es el sistema? Sí, si por “sistema” entendemos los colegios, la falta de educación en comunicación, emprendimiento…

¡Pero yo no quiero ser emprendedor, Javi!

No hablo de ser emprendedor. Hablo de “conocimiento”. Cuando en tu método de aprendizaje integran algo tan importante como conocer bien el ecosistema al que vas, todo cambia.

Si, desde hoy, te enseñan que tu “método” solo será válido si otros cogen el camino B, todo tendrá más sentido y, llegado el caso, no buscarás culpables, sino soluciones. O bien te pasas al otro lado y emprendes con cabeza, o asumes que tú no estás preparado para competir.

No digo que sea una verdad bonita, pero hasta ahora el mundo me ha enseñado que las cosas se mueven mejor cuando intentas crear tus propias soluciones y eres capaz de desarrollar un “Plan B” que incluya, además, la felicidad, la realización personal, etcétera.

Robots y gente de proceso > Sustitución

Si esta verdad es incómoda, peor es pensar en el futuro que viene en los próximos 10 años. Los robots llevan años sustituyéndonos en tareas mecánicas, pero los avances en inteligencia artificial y potencia de computación nos llevarán a una verdadera revolución.

Finalmente, sin ser Isaac Asimov, ¿quién crees que será sustituido antes en una empresa por una máquina? ¿Alguien capaz de reinventarse, crear sus soluciones y ser creativo, o una persona que quiere realizar tareas mecánicas y repetitivas?

Author: Javier Padilla

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