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Distanbike o por qué hay ciclistas que prefieren morir a ser poco aerodinámicos

Entre 2008 y 2013, más de 300 ciclistas fallecieron en las carreteras españolas. Por si ese dato no fuera estremecedor, hay otro que también es llamativo: 3.400 resultaron heridos en más de 25.000 accidentes.

Ciclistas y conductores conviven en desigualdad sobre el asfalto. Los primeros quieren disfrutar de su bicicleta sin miedo a ser atropellados. Los segundos se quejan de que los primeros no suelen respetar los espacios habilitados para ellos (carriles bici, arcenes en carreteras convencionales, etcétera). Lo cierto es que ambos tienen derecho a ocupar la vía y existe una regulación que debería permitirles coexistir sin accidentes.

Vídeo de presentación de Distanbike para la Feria Unibike (2016)

La realidad es bien distinta. Las campañas de concienciación —en ambos bandos, año tras año— no han tenido los resultados esperados. Por eso se repiten las mismas escenas desoladoras: llantas dobladas, bicicletas destrozadas y ciclistas que, con suerte, «solo» sufren magulladuras o fracturas dolorosas. 

El ciclista está hecho de otra pasta. No entro a valorar si es mejor o peor, ojo. Pero pensemos que hablamos de un colectivo donde hay aficionados —en los profesionales sería comprensible…— capaces de pagar 300 euros más porque el cambio de piñones trasero pese X gramos menos. No es nada difícil encontrar bicicletas de carretera que superen los 6.000€.

La aerodinámica es muy importante para ellos. El ciclista medio se auto impone una serie de exigencias tan altas que, en ocasiones, se sacrifica la base de todo: salir a pedalear con seguridad, con buena iluminación trasera y delantera, y preparado para cualquier contingencia. Dicho de una manera mucho más burda: un aficionado al ciclismo prefiere arriesgar su vida antes que perder puntos en el plano estético o de la eficiencia.

En este vídeo se puede ver que instalar Distanbike es bastante sencillo

Muchas dirán que soy un exagerado, pero hablo con conocimiento de causa. 

En 2016 comenzamos a participar en un proyecto (Distanbike) orientado a proporcionar a los ciclistas un distanciador sencillo. Este favorecía la visibilidad —gracias a una luz led potente—, y marcaba una separación teórica con los vehículos. El dispositivo se montaba en la parte trasera de la bicicleta y, en caso de accidente, saltaba para no arrastrar al ciclista. No era ningún prodigio en diseño, pero pesaba poco y cumplía con su cometido.

¿No es mejor tener 100-200 gramos más en una bicicleta y multiplicar las opciones de salvar la vida?

Personalmente, yo salgo con mi bicicleta a hacer trayectos entre 10 y 20 kilómetros cada semana —paseíllos, vaya; nada serio— y experimenté con Distanbike una mejora notable en la distancia que guardaban los coches con mi MTB. Parecía magia. Por primera vez en mucho tiempo tuve la sensación de poder circular por ciertas carreteras sin que me arrollaran. Los vehículos que me adelantaban captaban la luz intermitente (separada del cuadro unos 60-70 centímetros a la izquierda) y se situaban con tiempo a un espacio prudencial.

Todo iba bien. Lo probamos con dos ciclistas retirados y afirmaban que Distanbike les proporcionaba seguridad y no afectaba a la práctica del deporte.

Entonces, ¿por qué Distanbike no ha triunfado? 

Cuando lanzamos el producto a un precio en torno a los 50€ esperábamos que fuera un éxito. No lo fue. Empezamos a rebajar algo el PVP, añadimos descuentos, fuimos al Marketplace de Amazon para ganar visibilidad… y empezamos con las campañas de marketing y acudir a ferias donde acuden los profesionales de las bicicletas.

Con pudor, algunos nos reconocían que el sector de los ciclistas era muy peculiar. Yo charlaba con ellos y admitía mi incomprensión ante quien antepone la aerodinámica, la estética o el peso total del conjunto a la seguridad. ¿No es mejor tener 100-200 gramos más en una bicicleta y multiplicar las opciones de salvar la vida?

Insisto en un punto: Distanbike no tenía un diseño espectacular y estoy seguro de que futuras versiones podrían haber mejorado esto con texturas de carbono, barras más finas, etcétera… Pero algo estaba muy claro: era la mejor solución en el panorama actual

Bajamos el precio y fuimos intensos con campañas en Facebook e Instagram. Y, ¿sabéis qué nos decían los ciclistas y conductores en los comentarios? Cosas así:

  • No hay que inventar separadores, sino tener a conductores concienciados.
  • Conductores de coches que insultaban a los ciclistas por no respetar las normas.
  • Ciclistas que insultaban a conductores.

¿Conductores concienciados? Eso es como pedir políticos que nos arreglen los problemas personales… No existen. O, mejor dicho, sí existen. Pero también está el azar, el caos, el despiste, la mala conducción… y para cuando el conductor quiera pedir perdón es posible que ya el ciclista haya fallecido

Imaginad que le quitamos la tercera luz de freno al coche y apelamos a la atención del piloto que llevamos detrás. Suena demencial, ¿verdad?

Alguno argumentaba que el precio era alto. Gastas mil euros (como poco) en una bicicleta, ¿y no podrías gastar 30€ en un dispositivo de seguridad? Incluso este argumento podría ser comprensible. El valor que cada uno asigna a los gadgets y dispositivos es subjetivo. Lo bajamos en varias ocasiones y nada. No se vendía.

¿Sabéis cuándo se notaba un repunte en ventas? Cuando el producto se ofrecía a los familiares. Era más fácil convencer a un nieto, a un hijo o a una esposa para que pidiera a su ser querido que colocara el Distanbike en la bici. Eso sí, ya sabéis lo caro que es evangelizar…

En dos años no fuimos capaces de lanzar el producto con éxito. Se vendieron unos pocos cientos de unidades, muy pocas, y decidimos replantearnos la estrategia.

¿Qué falla en todo esto?

En primer lugar, nuestra propuesta, por supuesto. La autocrítica debe ir por delante.

Pero, si la eficacia del producto estaba demostrada, ¿por qué el colectivo ciclista no lo colocaría en sus bicicletas ni aunque fuera regalado? Porque resta estética y añade unos gramos. No afectaba a la aerodinámica y, dicho sea de paso, este último factor solo debería ser decisivo para los muy profesionales. 

¿En serio, Javi? En serio. 

Por lo tanto, siempre podré decir que intenté colaborar en un producto para salvar vidas pero que las vidas no querían ser salvadas. Cosas del ser humano.

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