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Lo que he aprendido escribiendo el segundo libro de la saga de Mara Turing

Leer ‘On writing’ (Stephen King) tuvo un efecto positivo y otro negativo. Por un lado fue muy inspirador y por otro me lanzó a construir prosa sin planos previos. Esto último le funciona a él… y no siempre. Por eso hay novelas del genio del terror —pocas, pero ahí están…— que acaban en un What the fuck!

Portada de «Mientras escribo«, edición en castellano de ‘On writing’. Es una especie de autobiografía de Stephen King donde cuenta cómo es la génesis de sus libros y recorre sus años más prolíficos… y también los más oscuros.

Cero críticas al señor King. Al creador de ‘IT’ o El Resplandor’ se lo permitimos todo por las decenas de horas que nos ha hecho disfrutar. Pero ¿qué hacemos los mortales? ¿Nos lanzamos a escribir como él, dejando que fluya la historia? Rotundamente, no.

La navidad pasada vendí el número suficiente de El Despertar de los Hackers como para pensar que un segundo libro (‘El Renacer del Mal’) tenía sentido. Elaboré la trama principal en una hoja de cálculo (Hook, Inciting incident, Main culmination..., Resolution) y empezamos a teclear.

Mal. De nuevo, mal. MAAAAAAAL.

Porque, si bien el inicio fue de lo más fluido, cuando llegué al 60% de la novela me quedé bloqueado. Coincidí con decenas de alumnos en colegios que, con brillos en los ojos, me pedían más. ¿Qué pasó? Que el 40% final del libro no estaba bien planificado. Pero eso ya lo conté aquí.

Vas a una clase, te encuentras con 30 chavales que te bombardean a preguntas y sales extasiado. ¡Uno se hace escritor para esto! El dinero que ganas —o pierdes— en la aventura es lo de menos.

Yo

Que tus lectores potenciales te den el aprobado y te pidan que continúes es todo a lo que aspira un escritor novato como yo. Es lo más parecido a tocar el Cielo. Vas a una clase, te encuentras con 30 chavales que te bombardean a preguntas y sales extasiado. ¡Uno se hace escritor para eso! El dinero que ganas —o pierdes— en la aventura es lo de menos.

Completar ese 40% final me ha servido para aprender mucho. Uno escucha mil veces aquello de «El demonio está en los detalles» y no se lo cree hasta que te encuentras con Lucifer apuntando con una linterna a ese hueco de la trama que no sabes cómo rellenar y entras en pánico.

No soy un planificador atento a los detalles. O, mejor dicho, no lo era. Hago planes de largo recorrido, con trazos grandes y voy resolviendo lo que sale en medio sobre la marcha. Es, grosso modo, el resumen de mi vida como emprendedor. Visualizo un punto en el horizonte, un problema que resolver, y esbozo una solución con la brocha gorda. En el día a día se va perfilando todo (flujos de caja, pagos, mejoras de producto…). Para qué engañarnos: soy un payaso malabarista hábil de esos que mantienen en el aire diez platos girando con la varita.

Esas ciento y pico páginas que me faltaban por completar me enseñaron mucho. Sí, es importante saber que el personaje va de A hacia B y pasa por C, pero los lectores se convierten en fieles por lo que ocurre en el «hacia» y el «y pasa por». ¡Es el camino, idiota!

Que Mara Turing esté llamada a cambiar el mundo si se convierte en hacker está muy bien. Pero el éxito o el fracaso de la aventura estará en cómo sea yo capaz de desgranar ese «esté llamada a cambiar el mundo». Hay mil formas de cambiar el mundo y millones de niños con altas capacidades que solo acaban frustrados por el contexto y la falta de caminos adaptados para ellos. En la mezcla adecuada, en los ingredientes adicionales y en el tiempo de cocción está el secreto.

Con la tercera novela ya en mente, lo difícil ahora es no ponerse a escribir. Necesito tiempo para asentar en mi cabeza el punto actual de la historia y entrar en los detalles: ¿qué sienten los niños de doce o trece años cuando están en la situación de mis protagonistas? Tocará interrogar a los chavales y que ellos me cuenten. Escuchar a lectores como Marcos —mi joven amigo que me ha prometido venir todos los veranos a merendar una tarde conmigo a Sevilla…— será fundamental. Ellos te hacen las preguntas importantes: ¿Por qué Hermes no hace X en el momento Y? ¿Si Mara es tan inteligente, por qué no hizo A en el momento B? Todo, o casi todo, tiene (y debe tener) una explicación.

Y es que yo, Javi Padilla, el escritor novato, no me puedo permitir fallar o dejar cosas suspendidas en el aire sin explicar por qué vuelan. Por eso estoy más que agradecido al proceso que recorrí para acabar la segunda parte. Os aseguro que El Renacer del Mal os va a encantar y os garantizo que si me quedé bloqueado en ese 40% restante fue, entre otras cosas, para que ninguno de vosotros asuste a sus vecinos de madrugada gritando un ‘¿Pero qué c*** es esto?’ con indignación.

Si queréis un ejemplar del libro, ya está en preventa aquí: https://maraturing.com/libro/mara-turing-y-el-renacer-del-mal

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