Especialista en Producto y Marketing. Escritor a ratos. Emprendedor en serie.
Autor: Javi Padilla
Empresario en Internet. Comencé en la Red allá por 1997. Llevo más de 25 años diseñando y programando sitios web. Estoy especializado en medios online, e-commerce y marketing online. Me apasiona el desarrollo de producto digital.
He ayudado a más de 100 startups a buscar su viabilidad y he fracasado (fuerte) con Moodyo.com y triunfado mucho más fuerte con ElDesmarque.com (vendido a Mediaset España en 2019).
Fui cofundador del 5º e-commerce de juguetes en España (Nabumbu.com) y de la mayor red social de magos del mundo (iMagicBox > Wandies World).
En el plano medios, pertenezco al equipo de Ten-golf.com y colaboro impartiendo formación a periodistas.
Trabajo en OpenWebinars desde 2023 dirigiendo las áreas de Producto y Marketing. Es un equipazo increíble (gracias, Manu, Jesús, Rubén...).
Soy un pequeño inversor en Wuolah y en alguna otra startup.
¿Una virtud? Soy MUY rápido.
¿Un defecto? No podría quedarme con uno. Tengo muchos y no caben aquí...
Lo confieso: tengo un ukelele. Y lo uso. Vamos, que no es atrezzo startupil. Por eso, en el número 342 de la calle 47, en Hellskitchen (Nueva York) alguna que otra noche de verano en 2013 pude ‘deleitar’ a mis compañeros con mi versión particular del “You got a friend in me” (Randy Newman, Toy Story). Cuentan que una noche incluso me arranqué a cantar. Seguir leyendo «La startup y el ukelele»
Día 1
Atrás quedaron dos horas y media de AVE desde Sevilla a Madrid, cuarenta minutos de Cercanías desde Atocha a Barajas, ocho horas desde Madrid a Dubai, casi seis de espera en su lujoso aeropuerto—tres de retraso por la avería de un sensor del motor del A380 con el consiguiente acojone— otras siete horas largas con olor a Avecrem desde Dubai a Hong Kong y el taxi temerario que nos llevó del aeropuerto al hotel.
Conducir no es, definitivamente, lo que mejor se les da a los “honkonitas” y, mucho menos aún, a los habitantes de Guangzhou.
Los trabajadores del hotel, cercano a Victoria’s Harbour, rinden pleitesía asiática. Sonrisa al abrir la puerta del taxi, al coger las maletas y al soltarlas cuando les dices que las llevas tú.
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Por detrás viene, rápido, el señor Gómez. Está por allí fumándose un cigarro y ha visto entrar el taxi en el párking del hotel. Lo conocen todos. “Hola my friend —tocando en el hombro al botones—. This are my friends, eh? Good people”, afirma señalándonos. Gómez es un regular en la zona y tiene en la palma de la mano a todo el personal. Seguir leyendo «Crónica de mi primer viaje a Hong Kong, Guangzhou y Zhangmutou»
Más del 70{a31a598c08b97e04c471714f0e9a9135ffea9d13036728f66bee3f63eed82732} de los ingresos del New York Timesproceden de su edición impresa. De ese porcentaje, una gran parte corresponde a “consumer revenue” o, lo que es lo mismo, gente que compra el periódico a diario o lo recibe por ser suscriptor. La otra gran porción de ingresos procede de la publicidad.
El día 30 de marzo Jay-Z anunció el nacimiento de Tidal. Se trata de un servicio apoyado por un grupo de artistas que creen que es necesario apostar por un streaming de calidad en detrimento de otras opciones más mainstream (y baratas) como Spotify.
De todas las negaciones del ser humano, aquellas que se vinculan a la incapacidad del mismo para crear máquinas más avanzadas que él son las que más me fascinan. Suponen la aceptación del hombre como creación perfecta, y eso, lejos de ser una realidad, incluye una absurda contradicción: nuestro cerebro es inmejorable así que, ¿cómo no va a poder crear algo mejor que él?Seguir leyendo «Sobre Periodismo y Robótica»
He tenido a lo largo de mi vida unos 16 PCs de sobremesa. Los tres primeros fueron Amstrad (CPC 472 —tenía 8KB más de ROM que los normales—, un PC1640 y un 2086) y los siguientes, hasta el actual, fueron clónicos. En muchos casos eran máquinas montadas por mí mismo en los años en los que al Intel 486 había que añadirle un coprocesador matemático para que 3DStudio R2 —no existía aún el MAX— pudiera hacer un render sencillo en menos de 10 minutos (hoy lo haría en un segundo con iluminación global, anti-aliasing del bueno, sombras complejas…).
Tras la vertiginosa carrera de las llamas, hoy nos hemos despertado con el misterio del vestido que tiene dividida a la comunidad tuitera. Unos lo ven de un color y otros lo ven de otro —un grupo, negro y azul; otro, blanco y dorado— así que he decidido hacerle una prueba más o menos «científica» para determinar quién acierta y quién no debe fiarse demasiado de sus sentidos. La controversia se ha extendido por Twitter con el hashtag #TheDress.
Al analizar las imágenes, los distintos puntos de vista y, sobre todo, la fuente original del vestido, es posible llegar a una conclusión: es la foto la que realmente nos confunde (en el último párrafo veréis el motivo).
En primer lugar os muestro la imagen original para que cada uno juzgue en función de su vista:
Vestido sin retocar
Para poder emitir un veredicto nos hemos ido a Photoshop. Utilizando el cuentagotas obtenemos en un área lo siguiente:
Herramienta cuentagotas en zona marrón-dorada del vestido
A mí, personalmente, me parece que hablamos de un tono dorado (en la gama de los marrones).
A continuación, hacemos lo mismo en la zona más clara del vestido:
Zona celeste del vestido seleccionada con el cuentagotas
Aquí, a mí me parece que estamos ante un «blanco-celeste» o algo así. Y así lo indica el cuentagotas.
Sin embargo, algún purista podría decir con toda la razón que estoy señalando un área cuyo píxel es de ese tono. Cierto. Por lo tanto, recurrimos a una herramienta denominada «Mediana». Lo que hace es reunir los colores de un área determinada y hallar el valor intermedio de toda la zona (por ser simplistas).
Y este sería el resultado delimitando dos zonas del vestido:
Efecto «Mediana» en dos de las «áreas de la discordia» del vestido
Para que no nos dejemos engañar, finalmente, nos vamos a otro documento donde copiamos y pegamos ambas áreas y las sometemos, de nuevo, al cuentagotas.
El cuentagotas de Photoshop nos saca de dudas en esta zona: es una zona en la gama de los azules.
Ahora, repetimos la maniobra con la zona de abajo (aunque al aislarla se aprecia, claramente, que es un tono marrón).
Finalmente, al marcar la zona más oscura obtenemos que el color es marrón, lo que puede dar lugar a decir que es «dorado», pero no «negro».
Por lo tanto, queda resuelto el enigma, al menos desde un punto de vista estrictamente «pixeliano». Por el efecto de los colores colindantes y la tonalidad de la luz, el cerebro puede interpretar otras cosas, pero esos colores son, en la foto, celeste y marrón (o dorado).
El problema por el que existen varias percepciones puede llegar por el contexto. En este tuit lo explica muy bien Kathryn Long:
So, as an example of how fun color perception works, A and B are EXACTLY the same color in this image: pic.twitter.com/pU66dkNgZs
Al menos, todos tenemos ahora algo a lo que agarrarnos a la hora de defender nuestra visión…¿no? ¡NO!
¡Porque el vestido real es de color negro y azul! ¿No lo creéis? Pues aquí lo tenéis, en Mashable para todos aquellos que aún tengan dudas. Y aquí abajo os lo dejo 🙂
Vestido Royal Blue Black #TheDress
También lo tenéis en estos colores
Lo que nos queda claro es que no existe ninguna versión en dorado
Por lo tanto, y a modo de conclusión, lo que tenemos es una imagen que convierte en confusos los colores reales hasta el punto, prácticamente, de eliminarlos para una parte de los usuarios. ¿Por qué? Por la forma de reflejar la luz del entorno, la compresión de la imagen en la cámara, la sensibilidad de la óptica de la cámara, la compresión al subirla a Twitter/Facebook y, sobre todo, porque la luz bajo la que estaba el vestido no era neutra y, probablemente, ésta tenía un tono azul. Al sumar la luz azulada con el azul del vestido, este aparece como blanco. Esto nos lleva a confirmar que están en lo cierto ambas facciones si nos dejamos orientar únicamente por la foto.
Si ante el vestido real alguien dijera que lo ve en blanco y dorado entonces sí deberíamos ir a visitar al oftalmólogo con cierta urgencia.
Los periodistas cometemos con demasiada frecuencia un mismo error: dedicar un artículo bonito, desgarrado y lleno de recuerdos a una persona que acaba de fallecer. Sus allegados se emocionan, sí, pero el receptor no tiene ya la oportunidad de leerlo. “Lo estará leyendo desde allí arriba”, nos dice alguien de nuestro entorno, con la lagrimilla cuesta abajo y sin freno.
El caso es que a mí siempre me gusta más hacer estas cosas en vida. Incluso cuando todavía le queda al homenajeado —Dios mediante— mucho que recorrer en este mundo.
Mi padre conmigo el día en que me dieron el Premio de la Asociación de la Prensa de Sevilla (2013)
Hoy no voy a escribir de startups, tecnología, SEO, marketing online o el futuro, sino de “visión”, “curiosidad”, “tenacidad”, “inteligencia” y “capacidad de sacrificio”. Todo eso lo aprendí de mi padre.
En mis primeros recuerdos le veo con unos planos de rotativa desplegados en el pasillo, llegando por la mañana después de un turno de noche o con los ojos tapados en la salita de la casa de mis abuelos en Heliópolis tras un fogonazo recibido en un cuadro eléctrico. En mi memoria, también estoy con él en un pequeño cuarto en nuestro piso de San Juan de Aznalfarache con cara de alucinación porque ha estallado un condensador, o corriendo por la casa haciendo el saltimbanqui tras pisar un soldador muy caliente que él había dejado para arreglar o construir algo a altas horas de la noche.
Le recuerdo dándome la lista con los valores de los colores de las resistencias cuando yo tenía poco más de 4 años. Sí, yo era un trasto y aprender a leer y escribir tan pequeño solo sirvió para querer saber más y más (me estudiaba a diario la parrilla de TV de La 1 y La 2, con sus horarios, para recitársela a mi madre).
“Aprende inglés e informática porque el día de mañana el ‘analfabeto’ será quien no domine ambas materias”, me decía cuando yo tenía 5 años. Y uno, que no sabía lo que era ser analfabeto, sí intentaba evitar caer bajo el paraguas de esa palabra que sonaba fatal.
“Trabaja en algo que te guste mucho y así será como no trabajar”, comentaba también. Esto, que hoy leemos mil veces en cuentas de autoayuda de Twitter o en el discurso de Steve Jobs en Stanford, ya lo sabía yo desde el año 85…
“Sé el segundo siempre. Fíjate en las maratones; calcula el esfuerzo y cuando estés preparado, adelanta”
“La tecnología caduca todas las tardes”
“Hay que inventar el ascensor a la luna”
“Correr tan rápido que te cojas por la espalda”
“Simple Javi, simple. Eso es muy complicado”
“A todo hay quien gane Javi”
“Buena presencia Javi […] La abuela siempre dice que un coche con los cristales limpios parece nuevo”
“Sal de todos los sitios siempre por la puerta de delante porque la vida da muchas vueltas”
“Si Bill Gates (Steve Jobs, etc) no existiera habría que inventarlo”
“Yo, por el Betis y por Don Manuel, lo que sea” (a ver si os creéis que es perfecto…)
Podría enumerar mil frases más, pero creo que os podéis hacer una idea. No se trataba de mensajes vacíos, sino de sentencias que ejemplificaban un modo de vida y una filosofía. Y, por supuesto, no hablaba del ascensor a la luna o de la caducidad de la tecnología cuando ya son temas de actualidad… sino 15 o 20 años antes.
Recuerdo a mi padre construyendo un equipo de música para mi madre, pieza a pieza, y su sonido tan potente y nítido. También me vienen a la cabeza las mañanas de sábado tirado en el césped de nuestra casa en La Motilla dándole caña a las pastillas de freno, el motor de arranque o a aquel relé que hacía de intermitente en la guantera del Seat 124. No olvido las tardes pintando los postes de la valla (Tintalux, Pardo 517…) o cuando restauramos dos bicicletas enteras. O aquel día que fuimos al Teatro Álvarez Quintero a arreglar algo de la instalación eléctrica y a la salida se gastó el dinero en comprarme una cámara de fotos que, por supuesto, acabé desmontando para saber cómo funcionaba.
Por eso ahora, cuando me ven llegar y digo algo como “probablemente ese fallo es de la bomba del gasoil” o “limpia los inyectores” se piensan que soy un mecánico de Wikipedia o un bocas. Ignoran que aprendí muchos conceptos de mecánica porque él me dijo que era “más bonita que la electrónica porque se ve”. Tampoco saben que cuando sacaba un 9 o un 10 en dibujo técnico y te enseñaba las láminas tú me decías que “eso en el colegio interno habría sido menos nota. Debería estar mejor”.
Esa es otra importante: acelerar y correr porque las cosas nunca están lo suficientemente aseguradas o perfectas. A veces hay que controlar esa enseñanza porque puedes acabar con tus competidores lejos —o no— pero contigo absolutamente reventado y sin fuerzas para nada. Eso también lo he experimentado.
“Si tu padre hubiera vivido en Estados Unidos en la época de la Guerra Fría habría sido agente secreto del FBI”, me comentaba un amigo común. “He visto a tu padre darle clases de rotativas a los alemanes que las diseñaron”, me decía también otro antiguo compañero. No creáis que fue fácil trabajar en una empresa donde él era un absoluto referente para prácticamente todo el mundo.
Porque alguien que no se cansa nunca y que corre siempre como si fuera el último de la carrera es para temerle.
Evidentemente, no heredé de él la afición por correr campo a través y, ni que decir tiene, que no tengo su zurda. Se fue del Betis en juveniles —era compañero de Rafa Gordillo y tenía una buena carrera por delante— porque le gustaba más jugar al fútbol con sus amigos del barrio y seguir estudiando electrónica. Visión.
Por supuesto que hay muchos temas en los que no estamos de acuerdo. E imaginad lo que pueden ser nuestros debates cuando los dos pensamos que nos va la vida en “ganar”. Lo típico que él va a la cocina y mi madre me mira, muy seria, y me dice “Javielito, por favor, que le va a dar algo”. Una frase muy de madre.
Además de querer dejar por escrito que admiro a mi padre y que gran parte de lo que soy se lo debo a él, me gustaría que aquellos que tenéis hijos os esforzarais mucho en ser un buen ejemplo.
La curiosidad, el afán de superación, la capacidad para esforzarse cuando parece que el depósito está vacío, la importancia de decir la verdad o de cultivar amistades, y el intentar siempre adivinar qué vendrá en el futuro —basándote en la observación del presente y sus problemas sin resolver— son cosas que no se enseñan en los colegios. Y, aunque se enseñaran, no se aprenderían porque necesitan ser “mamadas” día a día, con ejemplos que fijen valores y conocimiento.
Mi padre, sin saberlo, se ha comportado en su vida como un auténtico “knowmad”. Y ese ejemplo es el que me ha hecho ser como soy. Gracias por haber dedicado tiempo a ser un ejemplo en el que poder mirarse y sacar conclusiones de esas que cambian una vida.
En abril de 2012 se nos ocurrió a Álex y a mí montar un servicio de backup y búsqueda para Twitter. Twissues venía a paliar una de las mayores deficiencias de la red de microblogging: la incapacidad para ir atrás en el tiempo más allá de los últimos 3.200 tuits.
Cuando uno cierra un proyecto siente pena, pero no puede dejar que ese sentimiento le haga perder el rumbo y el dinero.
A día de hoy Twissues tiene más de 60.000 usuarios en 54 países (¡Y no, no están en venta!). Algunos de nuestros clientes son El Corte Inglés, BNP Paribas, Samsung España y un sinfín de anónimos —y no tan anónimos— que recurren de cuando en cuando a buscar sus posts antiguos. Seguir leyendo «Llegó el momento de cerrar Twissues»
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