Quedan 15 días para Startup Alley: Mañana, presentación con Erika Peña en Sevilla

El miércoles a eso de las 3:30 de la madrugada terminamos el “core” de la primera tienda dentro de Moodyo. Es para la diseñadora puertorriqueña Erika Peña. Ahora mismo solo la pueden ver los usuarios verificados, pero desde mañana todos los visitantes podrán acceder a la boutique, probar el carrito de la compra, etcétera.

Lolo y Álex han integrado en tiempo récord Sagepay y Paypal Express Checkout en Moodyo. Y el proceso del carrito es, sinceramente, el más simple y cómodo que he visto. No es el ‘one-click’ de Amazon (entre otras cosas porque está patentado…) pero es claro, rápido y, en pocas palabras, destinado a que aquel que quiera comprar no considere un obstáculo el proceso de pago.

También han programado todo el backoffice, los emails a clientes… ¡Vamos, una tienda! Y en tres semanas. Chapó por ellos, que les di unos diseños en Photoshop y se curraron cientos de líneas de Java.

Tener los productos de Erika Peña no era algo que estuviera previsto. No solo porque vayamos a venderlos en exclusiva para Europa -que también…- sino porque era un paso que en el plan de negocios estaba previsto más adelante. Bastante más adelante. Pero, una vez más, se demuestra que el plan sirve como guía orientativa y nunca como vía de tren de la que no es posible salir. Cuando varias tiendas (unas treinta y pico…) te dicen que quieren vender en Moodyo, generas 4 o 5 mil impactos únicos al día y recibes correos de usuarios preguntando cómo se compra, debes moverte rápido. “Pivotar”, que es como llaman a cambiar rápido en el método “Lean Startup”. Y aquí “pivotar” consistía en añadir a la plataforma un carrito, sistema de pago, etcétera. ¡Hecho! Ya me contaréis qué os parece a partir de mañana.

Conocimos ayer a Erika y, realmente, nos pareció encantadora. Hemos comenzado una simbiosis que esperemos que dure mucho tiempo. Ella ha apostado por nuestra plataforma para su estrategia de social shopping en Europa y nosotros estamos muy agradecidos por tener un producto de tanta calidad.

Cuando pueda os cuento qué pasó el viernes pasado en Madrid. Fue sensacional y muy prometedor. ¡Viva el deporte!

Quedan 29 días para Startup Alley: Planeando todo lo que necesitaremos

¡Ya no queda ni un mes! La cuenta atrás ha comenzado y estamos muy contentos. Tenemos abierta nuestra lista de cosas pendientes en “la nube” (vulgo Google Docs…) con mucho color rojo que debe pasar a verde. No solo hablamos de programación, diseño o presentaciones. Visados, pasaportes, alquiler… En realidad lo hacemos por Álex, que es un poco despistado 😉

Megan estuvo hace un par de días reunida en Nueva York con un tipo bastante interesante de una de las “grandes”. De las tres más grandes del mundo, para ser más exactos. Le gustó Moodyo y nos dio algunas pistas sobre cómo hay que llegar a Estados Unidos. Algo común a todas las presentaciones y reuniones que ha tenido nuestra compañera en Estados Unidos ha sido, resumido en otras palabras, el “hey, tenéis algo interesante”. No os creáis que es fácil. 

Quienes ya han estado en América saben que allí no les cuesta nada decirte que tu producto no sirve, está desactualizado, mal enfocado, ha llegado tarde (o pronto), no tiene mercado… Pero no ha sido el caso. Incluso en algún periódico de la Costa Oeste sacarán un pequeño reportaje sobre nosotros. 

Por desgracia, nada de esto significa nada. Como dice mi padre, “uno es grande hasta el día en que se lo cree”. Así que, a sabiendas de que es necesario disfrutar de esos halagos y usarlos como punto de apoyo, lo cierto es que no tenemos nada aún. Somos un grupo ilusionado con un producto en la calle que está avanzando y cambiando cada día en función de una serie de comportamientos de usuario que se traducen en números y curvas que, posteriormente, dan lugar a la toma de decisiones. Tan fácil y tan complicado.

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Mi equipo no necesita motivación extra. Ellos ya están motivados. Ver que la gente hace cosas en Moodyo, que ya no son zombies estadísticos (un día lo fueron, como en casi toda startup que se precie…), que comparten cosas en Twitter y Facebook, que nos solicitan cuentas verificadas… ¡Tener 34 tiendas ya esperando para ver cómo pueden vender desde Moodyo! Todo ayuda para mantener vivo este sueño cada mañana.

Recibir correos de chicas que te dicen “Estoy enganchada a Moodyo” o, incluso, de aquellos que dicen que es “una red para los frívolos” es motivo de alegría. Lo malo eran los días al inicio cuando perfilábamos el producto y no obteníamos ni frío ni calor.

Ahora toca buscar piso en Nueva York… ¿Alguna sugerencia?

Un mes para ir a Startup Alley en Nueva York

Dentro de 30 días estaremos, si Dios quiere, en Nueva York para presentar Moodyo en Startup Alley (Disrupt NYC 2013). No piso Manhattan desde 2008 y reconozco que tengo muchas ganas de ir. En realidad, todo el equipo está muy ilusionado. Estamos echando el resto para tener listas las cosas pendientes y las nuevas opciones. Megan está ahora en la Gran Manzana -antes ha estado 10 días en San Francisco- intentando ver cómo es el ecosistema de startups tecnológicas desde cerca, recogiendo opiniones sobre Moodyo de varios expertos y abriendo puertas con medios y bloggers. Y de momento, todo va genial.

TechCrunch Disrupt NY 2013
TechCrunch Disrupt NY 2013

Aunque el correo electrónico, Twitter y otras herramientas nos acercan a Estados Unidos como nunca, al final es necesario ir allí y decir que quieras desarrollar tu negocio. No es fácil, y el primer requisito es que montes allí una sociedad. Ni que decir tiene que ser bilingüe no es suficiente para hacer una buena plataforma internacional. Por mucho inglés que sepas es recomendable incorporar a tu equipo una personas nativa del país en el que intentas implantarte. Te ahorrarás muchas sorpresas.

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La historia sobre cómo me robaron el dominio moodyo.com

Una mañana del 12 de agosto de 2007 me levanté con el firme propósito de registrar el dominio de la marca que rondaba mi mente desde la noche anterior. “Moodyo» era un nombre que me parecía adecuado para representar una página web donde las personas podían decir lo que les gustaba y lo que no les gustaba. Mismo ritual de siempre: buscar el dominio y, en caso de estar disponible, comprar el .com, .es y .net.

Entré en Piensasolutions (por aquel entonces registraba todos los dominios con ellos…), busqué y ¡eureka! Estaban disponibles. Ese día comía en casa de mis padres, así que pagué con la tarjeta y me fui sin mirar el correo electrónico. Al volver, veo el email y ¡horror! Tenía la confirmación del .es y el .net, pero no la del .com.

Al rato llegó un correo que, grosso modo, me decía que alguien había solicitado el mismo dominio que yo a la misma hora que yo. ¿Casualidad? No lo creo…

Al día siguiente tenía un fantástico y amable correo de un tipo estadounidense que me decía algo así como “Tengo tu dominio, pero no te preocupes que no te lo pondré muy caro. Por 10.000 dólares puede ser tuyo”. Tras unos minutos de cabreo pensé que no tenía previsto iniciar Moodyo inmediatamente así que no me iba a preocupar.

En realidad, estaba iniciando un proceso de negociación que duró 3 años y muchos correos electrónicos…

Cada vez que se acercaba agosto recibía un email del “amigo” estadounidense que, generosamente, aceptaba bajar sus pretensiones. Yo, aunque me moría de ganas de tener ese dominio, escribía fríamente, dejando entrever que no me importaba y que podía poner en marcha mi negocio con el .net, el .es y alguno más que había comprado.

Un par de años después la negociación iba por 800 dólares. Me negué, por supuesto.

El día antes de Reyes (4 de enero) de 2010, recibo un correo de John Timmers de InTrust Domains en el que se me indica que moodyo.com estaría disponible para compra, de nuevo, en unos días. De nuevo, ligera indiferencia…

El 6 de enero, recibí otro mensaje en el que se me decía que podía comprarlo. Seguía siendo algo caro, pero el cambio dólar-euro me era muy favorable. Hablé por teléfono con un representante de InTrust Domains (me llamaron a mi oficina en Sevilla…) y estuvimos negociando durante unos minutos. Su oferta final, 100 dólares. Recuerdo que fueron, aproximadamente, al cambio de ese día, unos 65€.

Por lo tanto, Moodyo pasó de 6€ a 10.000 dólares (unos 7.500€ en 2007), después a 2.000…800… y, finalmente, 65€. Mereció la pena esperar, está claro.

No obstante, siempre me quedará la duda de qué ocurrió exactamente esa mañana del 12 de agosto de 2007 para que misteriosamente alguien comprara el mismo dominio que yo. Al no tratarse de un nombre relacionado con nada, francamente, no creo en la casualidad. ¿Quién me lo “robó”? Nunca lo sabré. Solo sé que ahora es mío y espero que lo siga siendo muchos años.

Moodyo en pocas palabras

La capacidad de síntesis es una virtud. Más aún cuando eres emprendedor. La atención de los satélites que se sitúan en torno a tu producto decrece de forma exponencial desde el primer segundo. Y eso es letal cuando esos satélites son inversores.

Ese fue uno de mis primeros errores. Hasta que empecé con Moodyo no había tenido problemas a la hora de definir mis proyectos en Internet. Mis pequeños éxitos se circunscriben al ámbito de las webs informativas. Todas ellas se definen con 5 o 6 palabras perfectamente.

Hay muchas opciones válidas a la hora de definir tu producto de cara al mercado al que quieres dirigirte. Una que me gusta mucho es coger un referente conocido por todos y utilizarlo como espejo con algunas modificaciones. ¡Ojo! Esto hay que hacerlo con mucho cuidado porque puedes resultar peligrosamente pretencioso. Seguir leyendo «Moodyo en pocas palabras»

La importancia de la música que se escucha en una ‘startup’

Desde muy pequeño todas mis historias tienen como fondo alguna banda sonora. Mi madre tenía un maravilloso equipo de música fabricado, componente a componente, por mi padre a principios de los 80. En él escuchaba Supertramp, Roberta Flack, Carly Simon, Michael Jackson y un largo etcétera de intérpretes y grupos que me hicieron amar este arte.

Me despierto cada mañana con una canción en la mente, tarareando tonadas de diversa índole y, en los ratos “libres”, toco la batería (bien) o la guitarra eléctrica (mal). Según Enrique Dubois, “casi todos los emprendedores son corredores o músicos”. Estoy de acuerdo. La mayoría de los que conozco hacen una cosa o la otra (o las dos).

La música juega un papel fundamental en los estados de ánimo. Las tribus ya conocían los efectos que provoca en el subconsciente determinado ritmo de bongos. La música ayuda a inducir con mayor velocidad estados de euforia, tranquilidad o tristeza. Por ello no hay un buen director de cine que renuncie a una gran banda sonora. John Williams, Ennio Morricone o Michael Giacchino han conseguido grabar en nuestras mentes maravillosas composiciones vinculadas a escenas históricas.

Por eso mi subscripción a Spotify es uno de mis mayores activos dentro de la oficina. El “garaje” de 3dsignia, donde nacieron Moodyo y Twissues, no tiene muros separadores. Sesenta metros cuadrados diáfanos con el techo alto y grandes ventanas a pie de calle. Por ello, cuando alguien pone música, todos debemos escucharla. El turno de DJ se respeta. Aunque, entre nosotros, me encanta ser el pinchadiscos.

Durante 2012, mientras desarrollamos Moodyo hemos escuchado mucha música de David Bowie, REM, Serena Ryder, Counting Crows, Rufus Wainwright, Tears for fears, Kaiser Chiefs, Weezer… Tenéis la lista aquí por si os queréis suscribir MoodyoDev 2012 (Sí, también hay algo español…).

A veces mantengo divertidas discusiones con otros compañeros que simpatizan con Melendi y otros tipos de música más dada a cualquier cosa menos a la creación de algo interesante (perdón a Melendi, porque como persona me cae genial desde que veo La Voz…). No creo que sea posible desarrollar una idea de forma decente escuchando un estribillo que dice “Esa Juana sin arco, ese Bill sin Gates…”, por ejemplo. De la misma forma tampoco creo que vaya bien poner un disco entero de un artista o grupo potente como Metallica, por mucha calidad que tengan sus álbumes. En el lado contrario, Enya gusta muchísimo un rato. Cuando llevas una hora escuchándola puedes haber dado con la cabeza en el teclado o estar a demasiados kilómetros -intelectualmente hablando- de tu mesa de trabajo.

En mi caso particular me gustan las listas balanceadas. Se trata de poner música que vaya produciendo distintos efectos en las personas que te rodean y en ti mismo.

Algunas tardes empezamos con Space Oddity (David Bowie), que tiene un arranque muy pausado y unos arreglos, nunca mejor dicho, estratosféricos. Para despegarnos las pestañas algunas mañanas y darle fuerza a la sonrisa con la que uno debe llegar a trabajar, ponemos muchas veces Good Morning Sunshine (versión Serena Ryder), un soplo de aire musical, con una instrumentación de fondo que puede teletransportarte a la playa incluso.

Los anuncios son una enorme fuente de sonidos que te ayudarán a crear buen ambiente. Meravigliosa Creatura, utilizada hace algunos años en un spot de Fiat, e interpretada por Gianna Nannini tiene una melodía dulce y un tono de voz que ayuda a mantener la concentración al mismo tiempo que provoca esa chispa de emoción que contribuye a ser más creativo. 

A media tarde recurro en ocasiones a cantautores y grupos españoles como Ismael Serrano, Tontxu o Vetusta Morla. No aconsejo una dosis de más de una canción de cada uno de ellos. Son muy buenos, pero pueden llegar a resultar excesivamente repetitivos por el tono con el que cantan y componen. 

Piezas de Björk, Madness, Red Hot Chili Peppers, Crash Test Dummies, Supergrass o The Police son casi obligadas. Las más conocidas ayudan a subir y bajar el ritmo medio de la sesión que hayas creado.

Finalmente, hay que meter de vez en cuando un poco de caña con la música actual. Ne-Yo, Rihanna, David Guetta, Kesha o, incluso, PSY con su Gangnam Style pueden venir muy bien a un volumen adecuado para provocar en el grupo un pequeño “subidón”. Recuérdalo: la música puede ayudar a modificar positivamente el ambiente de tu oficina. No renuncies a una herramienta tan barata y efectiva.

Mi primera ronda de inversión

Mi guitarra eléctricaHe cerrado la primera ronda de financiación para Moodyo después de muchos meses trabajando con mi equipo (no conozco al tuyo, pero el mío es increíble…). Varios planes de negocios, hojas de Excel interminables y diversas reuniones para conseguir fondos con los que poder sustentar el crecimiento de uno de mis principales proyectos.

Buscar inversión suena bien pero es un camino complicado en el que no solo se busca dinero. Por hacer un símil fácil de entender, convencer a tu primer inversor puede equivaler a convencer a un banco para que te dé una hipoteca sin trabajo porque acabas de finalizar tu carrera con un buen expediente académico.

Me alegro mucho de haber tenido que buscar inversión pasados los 30 años. Las “tablas” que uno tiene a esta edad son bien distintas a las que tienes cuando eres un joven con mucho empuje, pero con dificultad para encajar un “NO” inesperado. Seguramente, dentro de unos años será todavía mejor.

Tengo mucha suerte porque con Moodyo solo hemos tocado a dos o tres fuentes de capital y, al final, todos han entrado o han querido entrar. Un orgullo para mí que algunos de los principales business angels e inversores españoles hayan confiado en nosotros.

Es un tópico, pero no por ello deja de ser menos cierto: los inversores pondrán su dinero en ti y en tu equipo, no en tu empresa; tu ilusión, tu capacidad para hacer equipo, para motivar, para compartir y crear conocimiento, para sonreír ante un “no”… Al fin y al cabo tu empresa no deja de ser una idea prometedora. Y las ideas no son nada sin personas que las impulsen en todo momento con mucha fuerza.

Cuando comencé con Moodyo disponía de algunos ahorros -el pretérito imperfecto de indicativo NO es gratuito…- que eran insuficientes a medio plazo. Pero nunca pensé en que me iba a quedar sin dinero. Lo busqué donde pude, incluso para poder contratar ingenieros freelance que me ayudaron en fases importantes de la construcción de la plataforma. 

Siempre tuve la sensación de poder seguir adelante, durmiendo menos, soportando épocas de estrés, ansiedad y falta de sueño muy complicadas y estudiando mucho todas las noches antes de dormir. Como dice mi padre, “la informática caduca todas las tardes”. Todo, siempre, con el apoyo incondicional de Amparo, que se ha embarcado también en esta aventura convencida de que todo llegará a buen puerto. Ella es mi “angel”, sin el “business” delante.

He cerrado mi primera ronda de inversión y sigo sin tener dinero para mí. Es algo que sigue sin importarme. Hay personas que no creen en el emprendimiento sin un fin claramente lucrativo; yo pienso firmemente que sí existe ese perfil y que es el necesario para tener una verdadera mentalidad de startup. Necesitas que crezcan tus proyectos, que se hagan rentables y que la gente trabaje con ilusión.

Como veis, no obvio la rentabilidad. Es absurdo emprender sin querer generar algo muy rentable. Pero ya habrá tiempo para asegurar la cuenta corriente. Desde que me compré mi batería y mi mesa de mezclas -y me regalaron mi guitarra eléctrica…- hay pocas cosas nuevas materiales que me llamen realmente la atención.

Para esas cosas que aún me atraen, siempre me quedará Moodyo, donde podré añadir nuevos deseos y compartirlos con los demás. Cuando esos deseos sean pensamientos que tuitear, estará Twissues en un futuro, paliando el Alzheimer digital al que nos condena la gran cantidad de información que producimos a diario. Y en medio, de alguna manera, leyéndome, utilizando alguno de mis servicios, criticándome, ignorándome, apoyándome o embarcado en algún proyecto mío, estarás tú. Gracias.