@mplisky vs @ruizgijon. Comer no comemos pero en ping pong estamos para la olimpiada… #moodyodev
#EBE12, un evento más que necesario

“Vivimos en un @EBE continuo”, comentaba Juanma Blanco Poley (@blancopoley) parafraseando a Paco Olivares (@pacolivares) al final de la primera jornada del #EBE12. Esa frase me hizo reflexionar y entender por qué estaba equivocado con mi valoración inicial de la jornada inaugural de este evento que, por séptimo año consecutivo, se ha celebrado en Sevilla.
Llegué tarde y pillé a Pau García Milá (@pau), creador de eyeOS y Bananity, contando lo de siempre. Que si está todo por hacer, que Angry Birds ha desbancado a bla bla bla… Así que, al terminar su intervención, comencé a deambular entre salas en busca de la mejor ponencia. Estuve viendo a la gente de @Playtales y me gustó mucho lo que vendían porque parece útil, y abre una nueva vía muy interesante para la publicación de libros interactivos sin tener que pasar por la cadena tradicional y manteniendo una calidad altísima… ¡Pero yo quería más! Así que puse todas mis expectativas en la charla sobre analítica web de Gemma Muñoz. No decepcionó, por supuesto. No tanto por los contenidos y las técnicas, que ya conocía por mi trabajo, sino por la pasión que pone esta mujer cada vez que habla de analítica. Recuerda a la clásica profesora que te hace amar una asignatura en el instituto y es capaz de modificar el rumbo de tu vida profesional orientándote hacia otra carrera universitaria.
Con el buen sabor de boca que me dejó @sorprendida, me planté en la sala amarilla para ver a Xavier Uribe Etxebarria (@uribeetxebarria) hablando de Silicon Valley. Y, de nuevo, sufrí el “efecto Pau”. Que si en Silicon Valley son muy exigentes, que allí van miles de personas a solicitar inversión,… ¡Un momento! Estaba siendo víctima de la Enfermedad del Crítico de Cine. Por mi trabajo, estoy obligado a seguir a Pau García Milá, Xavier Uribe Etxebarria y otros tantos casi a diario. Les veo en diversos foros por streaming y sigo todas sus charlas con mucha atención.
Por lo tanto, no es que los ponentes de EBE estuvieran dando charlas aburridas o moviendo temas manidos…¡es que yo estoy sufriendo una sobredosis durante todo el año! No hacía ni un mes que había oído a Pau y Buenafuente hablando de Bananity y contando anécdotas que volví a escuchar de nuevo. Y de Silicon Valley, por la orientación que tienen Moodyo (@Moodyo) y Twissues (@TwissuesCom), y estando dentro de una incubadora como Mola, que ya tiene oficina allí, estoy “sobreinformado”. Es más, recuerdo cómo enseñé a Ricardo Pabón -¡Ojo con @ricardopabon!- un libro que llevaba en el Kindle sobre los secretos de aquella zona de San Francisco.
Como el crítico que ve una media de cinco películas por semana, yo estoy perdiendo mi capacidad para sorprenderme. Así que mi opinión sobre EBE no vale un pimiento. Conocí en carne y hueso -odio lo de “desvirtualizar”…- a varias personas con las que mantengo relación activa vía Twitter, y hablé con otras muchas. Ambas cosas me confirmaron que mi percepción de EBE estaba muy distorsionada.
No ha sido perfecto, claro está. El wifi falló demasiado y desde el primer día se mostró insuficiente para los cientos de asistentes que llenaban las salas. Y para un encuentro que vive también del eco que se le da, eso es un punto negro. La charla sobre WordPress, que podría haber sido muy buena porque la plataforma tiene para sacar punta, me cuentan que falló bastante (no pude asistir).
Pero España necesita EBE. Sevilla necesita EBE y todos, en definitiva, necesitamos que personas como Luis Rull (@luisrull) sigan esforzándose por hacer esto mejor cada año. Sus charlas, como media, suponen una interesante píldora de conocimiento para los asistentes. Los ponentes tienen, en su gran mayoría, una dilatada carrera y eso les convierte en los transmisores ideales para el conocimiento que se pretende difundir en ese gran foro sobre Internet y todo lo que rodea a la red. Las personas que han liderado las exposiciones de esta edición representan casi siempre aquello que echamos de menos en la universidad: concisos, prácticos (con excepciones, claro está…) y dejándote con ganas de aprender más. En un mundo donde cada vez todo parece más plano y la información de calidad se pierde entre el ruido diario, se agradece que alguien cree este tipo de foros y los mantenga cada año por un precio de risa (15€ por todo lo que se ofrece allí es una cantidad testimonial).
Por eso quiero que haya más EBE, y que sigan trayendo a personas como Pau porque, por más que nos lo repita, necesitamos interiorizar que, efectivamente, está todo por hacer.
Las canciones que utilizamos los programadores, diseñadores y otros individuos en #MoodyoDev
Quiero aprender a programar y/o diseñar. ¿Por dónde empiezo?

Con bastante frecuencia muchas personas me preguntan cuál es el mejor lenguaje para programar o, en otros casos, qué aplicaciones deben manejar para ser buenos diseñadores. En ambos casos mi respuesta es siempre la misma: “Para empezar, ninguno”.
Yo no soy ingeniero informático (soy licenciado en Periodismo). Así que os contaré el camino que yo he seguido y que, a buen seguro, es mejorable. Programo desde los 6 años y diseño desde los 14. Formación absolutamente autodidacta y por amor a la informática y el arte. Observación, ganas de aprender y muchas (¡¡¡muchas!!!) horas delante de un teclado.
El primer error antes de empezar a programar es elegir un lenguaje de antemano. Antes que nada hay que saber estructurar código de forma general. Es lo que se llama “pseudocódigo”. Más allá, es conveniente saber qué es una variable, por qué se almacena en memoria, qué es la memoria, etcétera.
Grosso modo, el pseudocódigo es un lenguaje a caballo entre lo humano y lo matemático donde se intenta resolver un problema.
Imaginemos que queremos imprimir en un dispositivo (el que sea), diez veces la frase “Quiero aprender a programar”. Al margen de las sintaxis específicas de cada lenguaje, se puede decir que queremos hacer algo así:
-Iniciar programa
-Iniciar variable “Frase”
-Meter en la variable “Frase” el contenido “Quiero aprender a programar”
-Crear un bucle que imprima 10 veces el contenido de la variable “Frase”
-Salir del programa
Si lo hiciéramos en PHP (un lenguaje asequible cuya sintaxis bebe, en cierto modo, del C), quedaría así:
<?php
$frase=”Quiero aprender a programar”;
for($i=0;$i<10;$i++) {
echo $frase.”<br />”;
}
?>
Lo segundo, el bloque de código, es algo relativamente fácil de elaborar cuando se tiene claro lo primero. Hay que saber lo que es un bucle, un array, un condicional, etcétera. Con estos conceptos y un cerebro “programático” se construyen aplicaciones cada vez mayores.
¿Hay que saber matemáticas? Sí. Pero no a un nivel muy alto mientras no desees entrar en el mundo de los algoritmos más complejos o, por ejemplo, los lenguajes gráficos que utilizan álgebra de forma intensiva.
Lo bueno de orientar tu cerebro hacia la programación es que las mentes programáticas tienen, de forma demostrada, mayor capacidad a la hora de descomponer problemas grandes en subproblemas de menor entidad. Eso les convierte en personas más resolutivas. ¡En eso se basa frecuentemente la programación! Ya sea mediante la filosofía “procedural” o utilizando la “orientación a objetos”, al final casi todo se reduce en modular los problemas para hacer pequeños bloques de código que cumplen funciones cuando reciben mensajes.
De hecho, los buenos programadores (como es el caso de mi amigo y socio @xelagc) despedazan las grandes aplicaciones -como es el caso de Moodyo– en cientos de pequeños bloques que, de una forma que podríamos definir como “temática”, incluyen métodos para realizar acciones relacionadas. Esos pequeños bloques se suelen denominar “clases” (moldes que explican cómo son los objetos que nacen de ellas) y las acciones que se incluyen en ellos son “métodos”. Puede haber una clase orientada a realizar las operaciones de gestión de usuarios en una red social: alta de usuario, baja de usuario, modificación de usuario…
Por lo tanto, al igual que ocurre en otras disciplinas informáticas -o muy vinculadas a ella- como la animación 3D, es muy importante saber descomponer la realidad en figuras “primitivas”. Esas figuras son bloques de código. Y, a menudo, estos son reutilizables con ciertas modificaciones.
¿Un punto de inicio? Por ejemplo, éste http://www.freewebs.com/jojaqui/tads.pdf
Pero hay mil en Internet. Por suerte, hoy en día los recursos para programar son casi infinitos. No nos engañemos, hay que dedicar muchas horas, aprender la terminología, qué es una CPU, la RAM, los hilos de proceso…y, ¿por qué no? Estudiar un poco de historia que es bastante bonita.
Una vez que entendemos lo básico, debemos elegir un lenguaje con el que hacer prácticas olvidándonos de las interfaces gráficas. No queremos pintar nada bonito, solo comprobar que sabemos manejar variables y funciones con soltura. Mi elección personal es el lenguaje C porque considero que, una vez se entiende éste, es fácil portar los conocimientos a otros.
Sin profundizar demasiado en él, aunque controlándolo lo suficiente, puede ser adecuado elegir un lenguaje como PHP, Java o Python. Huid de las batallas sobre cuál es mejor. Cada uno tiene sus virtudes, sus pros y sus contras. No hay un lenguaje perfecto. Todos son mejorables y para ello trabaja la comunidad que suele estar detrás de ellos.
Facebook está construido en PHP; eBay en Java y Google suele trabajar en Python. Las tres compañías son fuertes así que, con cabeza, con ellos se puede hacer de todo.
Después tendréis que elegir un sistema de bases de datos (donde se guardan las “cosas” que genera vuestra aplicación y que tienen que ser recuperadas más adelante). Lo mejor es comenzar con MySQL. Y en el caso de los sistemas operativos, Ubuntu es un buen inicio para adentrarse en los sistemas Linux antes de saltar a otros más orientados a entornos de servidor como puede ser CentOS (la versión “gratis” de Red Hat).
Este procedimiento sirve para todo. Ocurre igual con el diseño gráfico. Nadie es diseñador por manejar Photoshop o Illustrator. Ese es un grandísimo error. Antes hay que estudiar proporciones, colores, historia, dibujar MUCHO a mano y observar las 24 horas.
Desde mi punto de vista, y por mi experiencia en el mundo de la empresa, existen programadores y diseñadores que no son ni ingenieros ni licenciados en Bellas Artes. De la misma forma que existen grandísimos periodistas que no se licenciaron en su momento. En Silicon Valley están comenzando a buscar a mentes brillantes. Cerebros con capacidad para ser formados y que ni han pasado ni, probablemente, pasarán por las aulas de Stanford o Harvard.
Con una actitud de aprendizaje, superación y esfuerzo continuo construyeron sus empresas Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg y otros tantos. Ninguno finalizó carrera alguna. ¡Y los dos primeros ni siquiera tenían Internet para aprender a cualquier hora de forma gratuita!
Finalmente, para los puristas: que nadie interprete que yo animo a nadie a dejar la universidad. Ser ingeniero es algo maravilloso y te da una capacidad increíble. Lo que yo quiero decir es que esa capacidad, sin “contenido” y actitud, no sirve de nada.
Lo que nunca sale en los planes de negocios
No me gustan los planes de negocio. Es mejor dejarlo claro al principio para que nadie se lleve a engaño, y así puedan dejar de leer aquellos que piensen que una empresa no puede salir adelante sin 60 folios llenos de argumentos e hipótesis económicas.
No me gustan los planes de negocio porque me gusta más ver a las personas que hay detrás de ellos. Valores como la ilusión, la implicación, el brillo de los ojos al hablar de tu idea, las horas que dedicas a hacer deporte o cómo influye en ti que las acciones de Facebook se desplomen, nunca aparecerán en este tipo de documentos.
Pero no nos engañemos. Son necesarios. Sobre todo al principio. Sirven para analizar el mercado e intentar trazar una ruta que debe parecerse al camino que piensas iniciar.
El plan de negocio de El Desmarque (www.eldesmarque.es) se hizo en una servilleta y se selló con 49 euros (lo que costaba pagar el primer mes de servidor). Hasta que no llevábamos 3 años no hubo ningún tipo de documento que indicara hacia dónde iba la empresa. Hoy tiene 43 redactores y sedes en Sevilla, Bilbao, Málaga, Huelva y Cádiz y sigue en expansión. Nunca vi una tabla de Excel cuando solicité a su equipo entrar en el accionariado. Ni me interesaba. Ni la tenían. Ni hacía falta. Vi a un equipo ilusionado, con gente joven y que se divertía haciendo un trabajo que, a veces, puede ser muy ingrato.
Sin darnos cuenta estábamos llevando a cabo eso que se llama el “Producto Mínimo Viable”: 6 amigos periodistas, uno de ellos con conocimientos de Internet, que instalan un gestor de contenido de código abierto y se lanzan con una página muy sencilla que informa de Betis, Sevilla y Cajasol. Como “extra”, una sección para lectores. Coste total para iniciar el experimento: 49 euros. Agosto de 2006. Y funcionó. A la semana cambiamos de servidor. A las 3 semanas hubo que migrar a un servidor dedicado. Desde entonces, no ha parado de crecer. Hoy tiene más de 80.000 lectores diarios.
Ni una sola empresa habría dado un préstamo o una inversión para aquel proyecto que, desde el año 1, comenzó a arrojar cierta rentabilidad. Dinero que se reinvirtió, y así continuamos, en eso que los profesionales llamarían “expansión”, “I+D+i”…y otros palabros que se pueden englobar dentro de “Avanzar”.
No había plan de negocio, los integrantes -con la excepción de quien suscribe, y que aún tenía, y tiene, un mundo por aprender…- no conocían mucho el sector online y todo era una aventura por descubrir. Pero, ¿cuál era el punto fuerte? Las ganas. Un intangible que vale oro.
Muchos de los grandes negocios que conozco han nacido y crecido así: una idea, un buen equipo, ilusión y una inversión mínima. Al contrario no funciona. Si tienes dinero y tienes que ponerte a hacer un equipo y buscar algo que funcione no lo tendrás fácil. ¿Twitter? Sí, es la excepción que confirma la regla. Evan Williams, Jack Dorsey y compañía tenían 5 millones de dólares, no sabían qué hacer con ese dinero en Odeo y se les acababa el tiempo. Pero ya venían de vender una plataforma de blogs a Google así que no eran, precisamente, novatos.
Los planes de negocios en Internet tienen como principal hándicap el factor “tiempo”. No han terminado de redactarse cuando ya son obsoletos. Twitter tiene 400 millones de usuarios…no, 500…no, 600… Y Facebook tiene 900 millones…no, 1.000 y vale en bolsa menos de la mitad de lo que valía cuando comenzó su IPO. Las cifras sobre previsiones de eCommerce a nivel global varían cada año. España estaba muy atrás en comercio online en Europa y ahora es el tercer país, a pesar (o gracias a) la crisis. Google saca Google+ sin avisar y siempre estará ahí para intentar hacer lo que tú haces mejor que tú, más rápido y gratis. ¿Alguno os atrevéis a decir si Facebook seguirá siendo la red social líder dentro de 2 años? Imaginad hacer un plan de negocios a 5 años contemplando a la red social de Zuckerberg como competidor o partner. ¿Y si Amazon es, en 5 años, competencia directa de Mercadona? Probablemente sea así.
«Ok, pero ¿habrá algo a lo que agarrarse?», es una pregunta clásica entre analistas económicos cuando se enfrentan a un plan de negocios para un proyecto online. Sí, el equipo, sus ganas y su capacidad para girar el timón a tiempo si hace falta. Lo demás es pura ciencia-ficción.
Evidentemente, hay planes de negocios que llegan a ser consistentes a base de dar mucho la lata, recortar, ampliar y conseguir situar tus objetivos en un camino relativamente “estable”.
En nuestro caso, redactar el plan de negocio de Moodyo Enterprises nos llevó 12 meses. Se hicieron varios borradores, 3 versiones “definitivas” y una última, estable, que sigue vigente tras varios meses. Pero costó, ¿eh? Cuando dos analistas que llevan muuuuuchos años haciendo este tipo de documentos (con bastante éxito, por cierto) se pusieron a ver las magnitudes se quedaron un poco “a cuadros”. Todo en Internet es desproporcionado cuando funciona bien. Intenta explicar que pasas de, por ejemplo, 30.000 a 11.000.000 de usuarios en menos de 2 años y que tus beneficios pueden superar los 50 millones de euros sin que todo el mundo te mire y te diga: “Vale, y ahora dejémonos de bromas” (No son los números de Moodyo, tranquilos…).
Así que tu primera tarea, si quieres convencer aunque sea a tu economista, es cargarte de argumentos (la historia de Facebook, Foursquare, Twitter y, por supuesto, otros más pequeños pero igualmente válidos como Tuenti o BuyVIP son un buen punto de partida) para poder sustentar tus hipótesis de crecimiento.
Y, ¿qué es lo que nunca saldrá en un plan de negocio? Muchas cosas. Casi todas relacionadas precisamente con la “gasolina” que hace triunfar las ideas. Tu capacidad para hacer frente a un contratiempo importante, tu voluntad y capacidad para seguir adelante -o, llegado el caso, abandonar a tiempo-, lo bueno o malo que eres para dirigir a un equipo de personas y motivarlos, el nivel de curiosidad que te lleva a ir por delante de los demás conociendo a esa pequeña startup rusa a la que, llegado el caso, podéis utilizar como partner, los “ases” en la manga (fundamental) que iluminan la cara de tus compañeros cuando todo parece torcerse… Podría seguir, pero creo que todos nos hacemos una idea.
Por eso no me gustan los planes de negocio. Los creo necesarios y sirven para aprender terminología y pautas que habrás de utilizar posteriormente en muchas ocasiones. Hay que saber hacer un balance o, al menos, interpretarlo correctamente. Es necesario conocer los costes salariales completos, la media salarial para cada categoría profesional, etcétera. Elaborar el DAFO (probablemente lo más interesante y donde más tiempo debes gastar…) es algo que te bajará al suelo en muchos casos, pero si no lo haces bien y dedicándole las horas necesarias, te encontrarás con que había varias “debilidades” y “amenazas” que no contemplaste.
Si algunos tenéis dudas al respecto de alguna idea o, en general, sobre cualquier aspecto relacionado con vuestra startup, podéis contactar conmigo en jpadilla@moodyo.com o, en Twitter, @elpady.
Absolutamente imprescindible…
Pasa un verano programando para Moodyo y Twissues
En Moodyo Enterprises nos gusta compartir lo que estamos aprendiendo. ¿Qué le vamos a hacer? Somos así de generosos 😉
Por eso hemos decidido que vengas con nosotros a pasar unos meses este verano.
Si eres estudiante de ingeniería y consideras que proyectos como Moodyo y Twissues (y alguno más que no podemos contar…) pueden ser interesantes, vas por buen camino. Y, salvo que nos cuentes una solución extraordinaria, es indispensable que estés en Sevilla para esta primera fase.
Necesitamos que tengas conocimientos de:
1) Inglés. Importantísimo y no nos vale eso de “nivel medio hablado o escrito”. ¡Te arriesgas a una entrevista en inglés! 😀 …, No, en serio, necesitamos que hables inglés porque nuestros partners están repartidos por todo el mundo.
2) Java (Imprescindible). Interesante si controlas algo de Spring e Hibernate…y si no, que quieras aprender a paso rápido.
3) Bases de datos SQL.
4) jQuery, HTML5 y CSS3.
5) Apache y Linux.
6) Tecnologías de programación de smartphones (Android, iOS y frameworks multiplataforma como Phonegap, Titanium…).
Es perfectamente probable -e incluso lógico…- que no conozcas o domines algunas de las tecnologías anteriormente comentadas. Java sin embargo, sí es uno de los requisitos indispensables.
¿Qué damos a cambio? Pues nuestra oferta se basa en algunos tangibles y en otros intangibles. Te los contamos todos y tú decides 😉
Los tangibles:
1) Remuneración y contrato durante el verano. Pero si decides coger la oferta por el factor “dinero”, lo más probable es que no seamos lo que estás buscando… Ni tú seas lo que nosotros buscamos.
2) Añadir al currículum el haber trabajado en una startup con proyección internacional y dejar abierta la puerta a entrar en el equipo de forma estable.
Los intangibles:
1) Somos un equipo joven multidisciplinar con años de experiencia y éxitos en distintos ámbitos de la programación, el diseño, las startups tecnológicas y la comunicación.
2) Risas. Nos reímos mucho. Es más, si no tienes sentido del humor o eres introvertido, tampoco cuadrarías en esta oferta.
3) Participación en una empresa con una estructura horizontal donde se comparten muchas ideas. Estamos en una oficina muy iluminada de 60m2, tampoco hay sitio para despachos cerrados…
Si te interesa, envía un CV a feedback@moodyo.com. Intenta huir de los formatos tradicionales y cuéntanos también algo de tus inquietudes e ilusiones.
Me encanta despertar en verano oyendo esto… Serena Ryder “Good Morning Starshine”
Dell Inspiron 9400: El ordenador donde se desarrollaron muchos proyectos
En este ordenador se han desarrollado, total o parcialmente, webs como eldesmarque.com, alfinaldelapalmera.com, orgullodenervion.com, tusrecetas.tv, ABC Blogs, De Tapas (ABC), moodyo.com, twissues.com y varias decenas más. Hoy afronta su último gran trabajo antes de una jubilación más que merecida. CineAndCine será su última página.
Querido Dell Inspiron, nacido en diciembre de 2006, y en mis manos desde el 9 de enero de 2007: te echaré de menos. A ver si el nuevo MacBook Pro aguanta como tú los próximos cinco años y medio.
Te daré una jubilación merecida.
Gracias por todo
Mis errores como emprendedor (I)
Cuando llevas unos años en Internet -en mi caso desde 1997- crees que controlas la web como nadie. Y ese es el primer paso para pegarte algunos porrazos de cierta envergadura.
No os voy a aburrir con batallitas del abuelo sobre lo divertido que es emprender pegándose hostias con las paredes. Pero sí me gustaría compartir con vosotros algunos de los errores más gordos que he cometido. Si con eso os ayudo, seré bastante feliz 🙂
1) ¡A por todas!
Primer paso para darte el castañazo. La primera versión de Moodyo la diseñamos para que hiciera tantas cosas que no hacía bien casi ninguna.
Posible solución al error: Aplicad, siempre que sea posible, la teoría del Producto Mínimo Viable (algo pequeñito, funcional que cierra un círculo y permite hacer pruebas y sacar conclusiones). Eso os permitirá plegar velas y probar otro campo rápidamente sin arruinaros (demasiado).
2) ¡Emprender en Internet es barato!
He de reconocer que ésta no es mía. Programar una aplicación es barato siempre que lo hagas tú o compartas el hobby con un amigo. Pero si tienes la “mala suerte” de tener éxito y no habías previsto algo para monetizar, ¡POM! Porrazo. Tienes que empezar a enchufar servidores a razón de 50€/mes/unidad para abastecer la demanda que ha tenido tu aplicación que te deja la preciosa cantidad de 0 euros. A eso hay que sumarle el informático especialista en bases de datos que te dice que eso que habías hecho estaba bien “para andar por casa” pero que necesitas ya una BBDD NoSQL y modificar el código. Contratas a un par de ingenieros y…¡Eh! Que sigo sin monetizar. ¿Esto no era barato?
Posible solución al error: contacta con un business angel que vea tu idea, te ayude a pulirla, aprecie la “tracción” que has conseguido generar y ¡suerte!
3) ¡La idea está “casi” lista!
¡NOOOOOOO! Esto es crítico. Moodyo era una wishlist con funciones sociales donde podías hacer amigos…pero también añadir regalos no deseados y bueno… al mismo tiempo permite bla bla bla… ¡Siguiente porrazo!
¿Eres capaz de definir tu proyecto con una frase corta? ¿No? No tienes nada serio.
Posible solución al error: Tu idea tiene que entrar en una frase corta. Ser fácil de explicar. De principio a fin. En Moodyo lo conseguimos pero costó varios meses, un plan de negocios -modificado 4 veces- y algunos consejos valiosos.
4) ¡Tengo el mejor equipo del mundo!
¿Seguro? Si sois dos programadores no sois el mejor equipo del mundo. Si sois dos diseñadores, tampoco. Si sois un diseñador y un programador vais mejor, pero es insuficiente. Si eres un especialista en marketing con un economista os falta la “pata” técnica. Y, no te engañes: serías el primero (o el segundo) que encuentra a la primera todos los miembros del equipo adecuado.
Lo normal es que te equivoques con algunas elecciones. El compromiso del equipo se comprueba cuando llegan las dificultades. Si ahí hay un enlace fuerte, tienes algo ganado. Si no, también: sabrás quién sobra en el barco.
Posible solución al error: Tienes que buscar tu particular “trío”. En mi caso personal funciona bien tener a un ingeniero dedicado al software, un buen diseñador gráfico con nociones de programación, usabilidad…y un buen comunicador que conozca “targets”, “nichos de mercado” y todas esas cosas. Son tres buenas patas para un banco.
5) ¡Pedazo de startup que me he montado para mis ratos libres!
Esto ya lo habrás oído así que seré corto: No.
Solución para el error: Salta si crees en la idea y eso hará que otros crean en ella.

6) ¡La gente es incapaz de ver el potencial de esto!
La gente entra masivamente en Facebook y, por mucho maltrato que reciban de Mark Zuckerberg y sus secuaces con los cambios, su audiencia sigue creciendo con interfaz simple, compleja, timeline… La gente ve algo útil y rápido y lo hace suyo si le gusta.
El ejemplo lo tenemos con Twissues: alcanzó en una semana el mismo número de usuarios que la beta de Moodyo en un año.
Posible solución al error: Prueba tu concepto con gente que esté fuera de tu ecosistema. Diles que sometan a fatiga tu idea, que le dediquen un rato y, si les gusta, que emitan un tuit positivo al respecto o, simplemente, mencionen que les ha resultado atractivo.
7) ¡Inversores aquí estoy con mi pedazo de producto (sin definir por completo…)!
En el caso de Moodyo esto da para reírse un rato. Nos plantamos en Oporto para el Tech Media Europe con 500 copias de un magnífico dossier que habíamos elaborado sobre la plataforma. Era un encuentro de inversores. Teníamos una mega-idea con un mega-diseño y con unas mega-ganas…¿Qué podía fallar?
Tras gastar 600 euros en impresiones a todo color, carpetitas y demás…hubo que rehacer todo el trabajo porque los inversores decían que la presentación no valía para nada.
Posible solución al error: Lo hicimos bien…¡Y ganamos el premio! Pero ahora tenemos una maravillosa colección de folios en “sucio” para recordarnos cada día que NUNCA, NUNCA, NUNCA se deben hacer copias impresas de un dossier que no es los suficientemente fuerte.
8) ¡Lo registro todo, todo y todo!
Salvo que te sobren euros por todas partes (si es el caso, llámame…), no hagas como yo. Registré unos 20 dominios de Moodyo, la marca española, la Comunitaria, la Internacional en Estados Unidos, China, Rusia… Todo por miedo a que me quitaran algo que nadie me quería quitar porque ¡No tenía nada!
No contento con ello, presenté un par de procesos para patentar.
¿Resultado? Un puñado de miles de euros gastados antes de tiempo. Por suerte para mí el proyecto sigue adelante y pronto será lanzado de forma internacional pero, ¿y si hubiera tenido que abandonarlo? Habría perdido 5.000 euros.
Solución: Invierte paso a paso en el registro de marcas, patentes y demás. Lo principal es el dominio y tener tu empresa inscrita en LOPD y AGPD para ser legal. Y eso cuesta poco dinero. Una vez que veas que el proyecto echa a andar gasta el dinero necesario.
9) ¡Fírmame ese contrato de confidencialidad!
Esto no lo he hecho mal, pero conozco a muchos que sí. Tu idea no vale nada. Sí…cuesta mucho asimilarlo. Lo sé. Pero no vayas a contarle tu proyecto a alguien que te presta su tiempo -y con mucha suerte, su dinero- diciéndole 20 veces por email aquello de “Lo que te voy a contar es revolucionario, increíble y nos gustaría que nos remitierais un acuerdo de confidencialidad”. Una empresa como DaD (Incubadora de Rodolfo Carpintier) puede recibir al año 600 o 700 ideas geniales. Salen adelante 5 o 6. Igual ocurre en Mola y otras incubadoras. Tienen muy poco tiempo y muy buenas ideas delante.
Posible solución al problema: No cuentes lo que realmente te puedan copiar si has hecho un VERDADERO sondeo (en inglés primero, por supuesto…) y has encontrado que tu idea realmente va a ser un filón. Estoy harto de escuchar “lo que yo he inventado, no lo ha hecho nadie hasta ahora”. Por desgracia, eso es muy raro. Y si no lo han inventado a lo mejor es porque no es útil para nadie. Haz un informe interesante para tu posible inversor y cuéntale lo necesario para que confíe en tu idea.
10) Creer que este post no va a tener una segunda parte
La tendrá.
Solución: Saber que la va a tener. Meditar mejor las decisiones para intentar que en lugar de 12 meses pasen 24 antes de la segunda entrega.
Muchas gracias por vuestro tiempo.

